16 de abril de 2010

El porqué del triunfo de Clegg

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(El Mundo).- De los tres púgiles que se midieron anoche en un estudio de Manchester había uno que no tenía nada que perder: el líder de los liberal-demócratas, Nick Clegg. Un político joven y dinámico al que le encantan el jamón de Guijuelo y las croquetas y que requeriría de un milagro en las urnas para ser el próximo inquilino de Downing Street.

Clegg arrasó en el primer debate electoral. Y no sólo porque sus dos rivales lo cortejaron con alabanzas. También porque logró retratarlos como políticos profesionales desgastados por la responsabilidad.

El líder liberal-demócrata conectó con la cólera ciudadana contra los políticos, potenciada por el escándalo de los gastos de los diputados, que desveló en los políticos un tren de vida que el hombre de a pie no se puede permitir. Los británicos están hartos de los políticos profesionales y de repente se han encontrado con Clegg. La mayoría no le conocían. Pero les gustó lo que dijo y su mirada de sinceridad.

Y eso que no se puede decir que sea un advenedizo: lidera el partido desde diciembre de 2007 y desde entonces se ha distinguido por emprender un viaje al centro político que muchos han comparado con el del nuevo laborismo de Tony Blair.

Los liberal-demócratas son un partido nacido en los años 80 de la fusión del viejo Partido Liberal de Gladstone y de una escisión social-demócrata del laborismo. Así pues, es un partido con dos almas, que oscila entre sus instintos libertarios y un cierto gusto por la justicia social.

En las generales de 2005, se deslizó ligeramente a la izquierda decidido a rebañar los votos de los descontentos del laborismo y de quienes se oponían a la intervención del Reino Unido en Irak. Bajo el liderazgo de Clegg, su péndulo ideológico ha girado ligeramente a la derecha, poniendo el énfasis en los mensajes liberales y en un discurso optimista y regenerador.

Sistema electoral

El problema de los liberal-demócratas es siempre el mismo. El sistema electoral británico convierte en un número minúsculo de escaños su porcentaje de voto popular. Un extremo que hace que muchos de sus simpatizantes opten por un voto táctico que normalmente beneficia a los laboristas y que rebaja sus posibilidades de competir en igualdad.

Así las cosas, para Clegg haber estado en el debate era ya un éxito. Y no sólo porque suponía aparecer ante la opinión pública a la misma altura que Cameron y Brown. También porque dos tercios de los ciudadanos no le conocen y la aparición en pantalla de su imagen fresca podía propiciar la ruptura de su techo electoral.

¿Ocurrirá? Es demasiado pronto para decirlo. Ayer Nick Clegg se impuso por varios cuerpos a los demás pero quedan aún otros dos debates y los dos grandes partidos irán ahora a por él. Según dijo anoche afilado el 'tory' Michael Gove,"el desconocimiento atrae interés pero el interés atrae escrutinio". Lo que quiere decir que a partir de ahora conservadores y laboristas mirarán con lupa sus propuestas para despojarle de su popularidad.

¿A quién beneficia su victoria en el debate? No está claro. A priori, no beneficia a Cameron pues le aleja todavía más de la mayoría absoluta y lo acerca a un resultado que le haría muy difícil gobernar. Sin embargo, un resurgir de Clegg en los sondeos sería aún más dañino para el primer ministro laborista porque los liberales casi siempre crecen a su costa: cuantos más votos tienen ellos menos tiene Brown.

En cualquier caso, ni Clegg ni su partido deberían lanzar las campanas al vuelo. Han ganado un asalto pero quedan dos. Y podría ser que su triunfo no se traduzca en votos y que sea sólo flor de un día. El tiempo dirá.

NOTA DEL BLOGGER: ¿Les recuerda este partido británico a alguno español? ¿Podría en España haber algún líder parecido?