12 de abril de 2010

Amando de Miguel: El liberalismo no es pecado

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La Economía es una ciencia práctica que nos afecta a todos, no sólo a los economistas. Lo malo no es la subida de impuestos, sino el intervencionismo estatal que quita libertad.


En el siglo XIX un mosén catalán escribió enfáticamente: “El liberalismo es pecado”. Entonces se llamaba liberalismo al anticlericalismo más vulgar. Se traducía en el chascarrillo de la época:
-Padre, ¿se pueden leer los periódicos liberales?
-Sí, hija, con tal de que sea sólo la sección financiera.

Por fortuna, esa época ya pasó, aunque, como decía el clásico, la Historia se repite como farsa. En el Gobierno actual hay una querencia por la política anticristiana a favor de la alianza de civilizaciones o del progresismo laicista. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XIX, ese anticristianismo no se llama liberalismo, sino que precisamente va en contra del liberalismo económico. Para entender bien la nueva cruzada antiliberal, nada mejor que acercarse al nuevo libro de Carlos Rodríguez Braun (CRB), Panfletos liberales II (Editorial LID, 2010). La combinación más taimada de los nuevos antiliberales es combatir las dictaduras de derechas y condescender con las dictaduras de izquierdas. Lo hacen así porque consideran erróneamente que las dictaduras de derechas amparan el liberalismo económico.

El falso silogismo concluye que hay que combatir el liberalismo y realzar el socialismo, sea o no una dictadura. Frente a esa falacia está el sentido común de CRB, para quien todos los totalitarismos son antiliberales y, por tanto, son malos. La maldad debe extenderse a esa versión mitigada de los totalitarismos que son los autoritarismos. Lo común entre todas esas excrecencias es que abominan de la libertad. La razón es que, con más libertad, los gobernantes aparecerían como lo que son: mediocres, cuando no, malignos. Lo que más me gusta del estilo de CRB es su permanente disposición a llevar la contraria a las ideas canónicas, establecidas, sedicentemente progresistas. Su constante actitud de navegar contra el viento revela un alto espíritu deportivo. No otra cosa es su furibundo ataque al intervencionismo del Estado y su defensa de la libertad. Añado que tanto la libertad como el intervencionismo pueden equivocarse. Solo que, si la libertad se equivoca, cabe la ruina o la cárcel. Pero, si el intervencionismo se equivoca, sus defensores suelen ser ensalzados.

La Economía es una ciencia práctica que nos afecta a todos, no solo a los economistas o a los empresarios. Por eso mismo entiendo que todos debemos opinar sobre la crisis económica y su eventual salida. Entiendo que hay una causa principal de la crisis. Se trata de la notable disminución del espíritu de trabajo de la gente. Ese declive de la ética del esfuerzo es consonante con la causa estrictamente económica que señala CRB: la erosión de la libertad. En principio, el funcionario rinde menos que el trabajador privado. Todavía está más claro que en los regímenes totalitarios la productividad suele ser muy baja. El caso extremo es el de la productividad casi nula de los esclavos o de los trabajadores forzados. Sin llegar a tanto, no hay más que ver la baja productividad del reciente Plan E en España. Claro que la propaganda del régimen actual puede aducir que la escasa productividad significa creación de empleo. La salida de la crisis no equivale a crear empleos, sino a que los empleos sean realmente productivos.

Me gusta la lógica de los razonamientos de CRB. No utiliza muchas citas de autoridad y sí de refutación. Su esquema argumental es como sigue: Fulano de Tal es un distinguido economista o escritor que sostiene que A es A. Pues bien, A no es A, aunque lo parezca. Esa lógica de CRB es sencillamente la de la ciencia. Se trata de una planta tan delicada que sólo florece si es escasa la inversión pública en I+D+i. Reverdece allí donde es alto el esfuerzo en conocimiento.

A fuer de sociólogo, me sumo a la sospecha de CRB de que “lo social” es un disfraz para no reconocer “lo político”, en su peor sentido. En efecto, hay una acepción retorcida del adjetivo “político”. Es el caso de “familia política”, “política de avestruz” o “comisario político”. En inglés americano, la palabra “político” (escrita así, en español) es lo que aquí llamaríamos “mafioso”. En España “lo social” suele ser lo que se atribuye a los sindicatos subvencionados o a lo que supone bendecir el despilfarro del erario. Recuérdese que el erario siempre es público.

Añado un matiz a la tesis de CRB. Lo grave no es la tendencia constante a la subida de todo tipo de impuestos, tasas y multas. Ese ascenso no sería tan pesaroso si al menos se hubiera producido una mejora sustancial de los servicios públicos. Por ejemplo, si el Plan E hubiera sido sustituido por una verdadera mejora de las infraestructuras. O si se hubiese completado el plan de trasvases hidráulicos o de centrales nucleares. O si la Justicia fuera eficiente. En su lugar, lo que ha aumentado es el derroche del gasto público. Es decir, lo malo no es la subida de impuestos, sino el intervencionismo estatal que quita libertad y no da seguridad.

Amando de Miguel, catedrático emérito de Sociología.