28 de marzo de 2010

Orígenes de la división de poderes en la España constitucional (1)

Ilustrados y revolucionarios en su lucha por la libertad

La teoría de la separación de poderes se remonta al siglo XVIII en el pensamiento de algunos intelectuales, principalmente franceses, como Montesquieu, Juan Jacobo Rousseau, John Locke o el americano Alexander Hamilton, en lo que se conoce como Ilustración o Siglo de las luces. 

Era una teoría novedosa, nunca antes Europa había visto una separación similar, puesto que durante el Medievo observamos que lo que Montesquieu definió como los tres poderes era ostentado por el monarca únicamente, así hallamos a la reina Isabel la Católica impartiendo personalmente justicia en numerosas ocasiones. Los reyes, sin embargo, contaban con el auxilio, por un lado, de las Cortes castellanas o aragonesas en España o los Estados Generales en el caso francés, o por los jueces de turno por otro, fieles a la monarquía, que impartían justicia en nombre del rey. 

A la sazón, en Europa apareció una serie de reyes que, influenciados por esta nueva doctrina, se encargaron de hacer realidad alguno de los postulados ilustrados. Entre estos monarcas nos encontramos a Catalina II de Rusia, admiradora y amiga íntima de Voltaire, a José II de Austria, penúltimo emperador del Sacro Imperio y quien sembró del germen de la separación Iglesia y Estado, o a Carlos III, rey ilustrado español por excelencia, entre otros, produciéndose con ellos ciertas reformas sociales, auspiciadas por los ilustrados, como la igualdad jurídica, libertad, derecho de propiedad, etc... 

No obstante, la lentitud y complejidad de estas reformas, realizadas sobre una población inexperta en estas materias, y el surgimiento de nuevos monarcas de corte absolutista, nada partidarios de variar la precaria situación de sus súbditos, dieron al traste con los proyectos ilustrados, frenándose temporalmente sus planes de mejora. Nos encontramos con una monarquía absolutista de derecho divino inmóvil e impasible ante las necesidades del vulgo. 

El carácter conservador de la monarquía, del clero y de la nobleza, participantes únicos en la política, obligaron a un importante sector de la población, sin representación política hasta entonces, a rebelarse contra los dictámenes de la monarquía. Así, la burguesía, con el apoyo del campesinado y del resto del vulgo, lideró un profundo movimiento revolucionario con el fin de derrocar al sistema del Antiguo Régimen, sustituyendo al feudalismo por el capitalismo liberal y los férreos estamentos por las clases sociales semiabiertas. 

Países como EE.UU. en 1776, Francia en 1789 y España en 1812 crearon un sistema político liberal y progresista. Una nueva etapa brotaba acompañada de libertad, violencia y, máxime, un espíritu abierto e innovador que habría de marcar un antes y un después en nuestra historia.

Carlos Romero, C's Granada