10 de febrero de 2010

Antonio Golmar: 'La terca inexperiencia española'


En los últimos tiempos abundan los análisis que alertan sobre la crisis de legitimidad del sistema, el estado de emergencia nacional y el deterioro de la calidad de la democracia. También se denuncia que los políticos no estén a la altura, que sean parte del problema y no de la solución, y se exigen pactos de Estado. No estoy de acuerdo.

Nuestra reacción ante la crisis es típica de una cultura política parroquial caracterizada por la falta de confianza y de sentido de la eficacia personal (lo contrario del entusiasmo de los norteamericanos, siempre dispuestos almake a difference), y que en nuestro caso se combina con una enorme dosis de cinismo, ideal para desviar la mirada de lo que no se quiere ver. Que en una encuesta del CIS la clase política aparezca como la tercera preocupación de los españoles no dice nada nuevo de nuestra postura ante la cosa pública. Los estudios realizados desde los sesenta revelan que nunca hemos esperado mucho de los poderosos, pero no por hidalguía o pundonor, sino por mediocridad y falta de autoexigencia. Preferimos la conformidad y la homogeneidad, rebautizadas como paz social, a la innovación. Y la crasa vulgaridad, disfrazada de tolerancia, a la excelencia. Las pinceladas rosas, azules o pardas según la ocasión, tribu y territorio no cambian ni el fondo ni el tema de este triste cuadro.

Mucho más revelador que el hartazgo de los españoles con ZP y Rajoy es el equívoco acerca de la crisis económica. En la primera encuesta El Mundo-Sigma Dos del año, tres cuartas partes de los encuestados suscriben que "el déficit causado por la caída de los ingresos del Estado para costear sus gastos es un lastre para la economía española". Por lo demás, la mayoría se manifiesta en contra del abaratamiento del despido aunque ello estimule la creación de empleo, sólo contempla reducciones del dispendio en televisiones públicas y ejército y exige más gasto público que hace un año en sanidad, educación y cultura. ¿Acaso no hemos aprendido nada desde 1977? Seguimos pensando que las oportunidades son siempre directamente proporcionales al dinero que el Estado gaste en nosotros. Más que postmodernos, parecemos idiotas.

En uno de los momentos más memorables de Un hombre soltero, George, el viejo profesor, le explica a Kenny, su joven admirador e improbable amante, que "la experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede". La cuestión no es la experiencia que nuestros políticos hayan acumulado, sino que los españoles parezcamos no tener ninguna. Eso sí que es una crisis, pero no social o política, sino espiritual, o sea, de racionalidad, movimiento y creatividad, que diría la filósofa. He aquí el auténtico problema.

Antonio Golmar es politólogo y traductor.