16 de septiembre de 2009

La ideología liberal y la utopía del socialismo

La ideología liberal y la utopía del socialismo

15/09/09 | por Gunther Zevallos | Sección: Sociopolítica

La ideología no es más que un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el comportamiento de una persona o grupo de individuos, y que se basan en teorías, conjunto de teorías o principios doctrinales, sobre la forma en que se entiende debe de organizarse la sociedad. En pocas palabras, es la manera que tiene el ser humano de interpretar la sociedad para tomar una serie de decisiones individuales o colectivas sobre asuntos que le atañen. En política existen varios tipos de ideologías. Por ejemplo, se puede hablar de «ideologías liberales» cuando se defienden las ideas esenciales del liberalismo sobre: la libertad de pensamiento, la igualdad ante la ley y la justicia, la economía de mercado, la propiedad privada, etc.; o de ideología socialista, cuando se lucha por una supuesta justicia social inspirada en el igualitarismo económico y amparada en el intervencionismo estatal.

Algunas ideologías políticas están vinculadas a un intento de justificación teórica y pretenden trasladar de manera coactiva su proyecto de organización social y económica a la población, para ello captan la realidad social del momento e intentan modelarla a sus intereses políticos utilizando determinados procedimientos, muchas veces poco democráticos. Ideologías, como la del socialismo, por ejemplo, se han desarrollado bajo la utopía de «crear un mundo nuevo, irreconocible y basado en una supuesta igualdad entre todos los seres humanos», a base de mandatos coactivos y leyes que aparentemente van por delante de la propia evolución natural del ser humano, bajo la justificación inexacta de que se realiza en pro de la justicia social, la igualdad, etc. Otras ideologías, como la del liberalismo, buscan que sea el propio ser humano quien marque la pauta de su evolución, pues para el liberalismo es la naturaleza creativa del ser humano quien le convierte en el verdadero protagonista de todos los procesos sociales. El liberalismo, por tanto, no puede constituirse en una doctrina con un recetario único, ni pretende descubrir las mejores teorías capaces de organizar el comportamiento del ser humano en sociedad, porque tiene su originen en las experiencias de la vida cotidiana, opiniones, juicios, costumbres, valores, pautas de conducta que orientan nuestras acciones. Es más bien, un cúmulo de ideas y no una ideología cerrada y excluyente. El liberalismo en contraposición con el conservadurismo, no pretende mantenerse anquilosado en la historia, sino más bien evolucionar y aprender de ésta.

Cada ideología política tiene una manera de ver y comprender el mundo, cada una defiende sus propios conceptos y actuaciones. Algunas, pueden nutrirse de otras (ejemplo, conservadores apropiándose de las ideas liberales), o criticar aquellos otros modelos que están inspirados en ideas contrarias. Pero, sin duda, cuando una ideología se convierte en utopía, la excusa última de mejorar la sociedad y la economía en beneficio de todos deja de ser una prioridad, y, para crear el «nuevo orden» o para recuperar el «antiguo orden», de izquierdas o de derechas (socialista o conservador), sea este económico o social, o ambos, es preciso eliminar cualquier indicio de oposición y para eso es necesario conseguir un mayor control mediante una deliberada manipulación de la sociedad hacia los intereses del proyecto ideológico del partido, y las instituciones que controlan, introduciéndose leyes y utilizando todo el poder coercitivo del Estado para someter la voluntad de las personas. Desafortunadamente para la desgracia de quienes la padecen.

El socialismo, es en principio por definición una de esas «ideologías utópicas» que buscan modificar el comportamiento del ser humano en sociedad. En un principio puede parecer bastante atractivo para el crédulo ciudadano medio, que le lleva incluso a no cuestionarse los métodos que hay que emplear para modificar el comportamiento de la gran mayoría de personas: el cómo se consigue repartir mejor la riqueza, cómo mejorar el empleo, cómo bajar los precios, cómo conseguir la igualdad, etc., la experiencia nos demuestra que este cúmulo de buenas intenciones siempre terminan por restringir las libertades de las personas, porque para conseguir muchos de estos fines, es preciso desalentar la iniciativa privada y la creatividad en favor de una mayor participación pública; perseguir y anular socialmente al disidente, es decir, al que piensa por si mismo y se opone a la ideologización en pro del nuevo orden vigente; manipular la información y las cifras estadísticas; desinformar y coaccionar al ciudadano, etc. De esta manera los recursos se reasignan «no» para satisfacer nuestras necesidades individuales, sino más bien bajo el pretexto de utilizarse convenientemente en el « proyecto colectivo ». Así, el Estado en vez de conceder el protagonismo a la iniciativa individual, poco a poco va asumiendo roles que no le corresponden, en lo económico, en lo jurídico y en lo social.

Cualquier sociedad precisa mantener el orden por medio del ejercicio del poder. Entendiéndose como poder la capacidad que tiene una persona o un grupo de personas para imponer y tomar decisiones dentro de un sistema social. No obstante, una cosa es el ejercicio del poder para mantener el orden, y otra bien distinta, es el ejercicio del poder para ideologizar a la sociedad, mediante la coacción y la represalia, la imposición y el castigo. Una vez sometida la sociedad a la voluntad del tirano, o los tiranos, las personas ya no pueden tomar sus propias decisiones, pues éstas se trasladan a una serie de instituciones dispuestas a planificar hacia dónde se deben dirigirse todos los esfuerzos de la sociedad y la economía. Las Instituciones secuestran la voluntad del individuo y trasladan toda la toma de decisiones a una elite dirigente, constituida por unos pocos individuos. Esta elite que supuestamente representa al pueblo, traza el camino que debe seguir la sociedad, estableciendo leyes y normas de obligado cumplimiento y penalizando todo tipo de iniciativas si van en contra de los principios y objetivos propuestos por su proyecto político.

Afortunadamente, muchas de utopías políticas que se han desarrollado en el mundo, como la del comunismo o el socialismo utópico, han tenido siempre fecha de caducidad. El comunismo ha cometido verdaderas barbaridades en nombre de la igualdad y de la utopía de un mundo mejor, generado además muchísima pobreza. ¿Por qué? Porque realmente nadie, ninguna persona ni institución, por mucha información que posea es capaz de controlar todas las variables económicas para mejorar la economía. Porque realmente nadie, ni tan siquiera el Estado puede coaccionar eternamente a los ciudadanos sin que éstos acaben reaccionando, en algunos casos duramente contra su opresor, en otros perdiendo el respeto a las normas y leyes que se antojan inútiles para mejorar su sistema de convivencia.

Para conseguir sus objetivos y cambiar la forma de entender el mundo, los ideólogos del socialismo, y podemos afirmar que también de los nacionalismos, por ejemplo; estarían obligados a modificar los comportamientos de la sociedad buscando primero el control de las Instituciones, para desde allí trasladar, poco a poco, su ideología a la sociedad aunque sea de forma coercitiva y/o autoritaria. Conseguir sus planes tampoco es sencillo, por lo que es necesaria una previa uniformidad y normalización de las ideas. En la actualidad esa uniformidad requiere el monopolio casi absoluto de la información, que se consigue por ejemplo, introduciendo reformas educativas cargadas de contenido ideológico, controlando los medios de información, interviniendo en la información necesaria para alterar el comportamiento racional y eficiente, alterando las reglas del mercado a través de los controles de precios y salarios, etc.

Sin embargo, contrariamente a la ideología intervencionista que busca la anulación de las iniciativas individuales, está la «doctrina o ideología del liberalismo», que es un estilo de pensamiento que no pretende cambiar la sociedad ni sus Instituciones. Una filosofía de vida que no surge deliberadamente, lo hace de forma espontánea y natural, cuando el ser humano busca sus propias soluciones que le permitan lograr un mayor bienestar. Así, las dificultades del mercado sólo son un reto para el ser humano creativo, capaz de deliberar por sí mismo y de aprender de sus propios errores, decidiendo en cada momento lo que está bien y lo que está mal, pero asumiendo sus errores desde el principio y sin comprometer al resto de la sociedad. Las propias leyes serían una evolución de su propias pautas de comportamiento. Por esta razón, el liberalismo es una propuesta de prosperidad que lleva como bandera la libertad y la responsabilidad individual, pues no puede haber libertad sin responsabilidad. Responsabilidad en cada uno de sus actos que afectan a los derechos de los demás.

Dentro de los valores del liberalismo están el derecho a la vida, a la propiedad, la ética, el respeto a la democracia y a la plena libertad política, económica, religiosa, etc. La tolerancia y la flexibilidad son también características adicionales que conviven con los liberales. Esta filosofía de vida, ha arraigado con más fuerza en países con un despliegue intelectual profundo, aunque la suma de experiencias de ensayo y error de muchos otros pueblos a lo largo de su historia y de cientos de millones individuos dispuestos a participar activamente en la búsqueda de su felicidad, luchando por su libertad y enfrentándose a la tiranía, también han conseguido muchos partidarios del liberalismo y cambios positivos e importantes en el futuro de algunas sociedades. Así, el liberalismo se constituye en una doctrina desde el instante que considera que no existe una verdad absoluta y que el mundo es cambiante. Lo que hoy puede ser aparentemente verdad puede mañana puede no serlo, dado que el saber es subjetivo y la propia experiencia puede refutar cualquiera de nuestras teorías e ideas que son sólo el resumen de nuestras experiencias y la de millones de personas como nosotros.

Gunther Zevallos
Secretario Gral pCUA