29 de enero de 2010

Esteban Goti Bueno: 'Los horizontes liberales'

Sabiendo que no es prioridad del que suscribe, dotar al liberalismo de símbolos, líderes o banderas, entenderán por qué escribo este texto, tan poco vivo, tan deslavado y hervido. La urgencia de nuestro tiempo nos debería llevar a blindar la Democracia y las libertades que tenemos los ciudadanos, que se materializan en derechos no susceptibles de ser violados por los poderes. Quiero hablar de Poder y no sólo de Estado. Hay poder fuera del Estado que influye sobre él y la ciudadanía y el más fuerte es la opinión pública, distinto de la voluntad pública, expresada en el voto. La opinión pública es una maraña de conceptos que consiguen adentrarse en los ciudadanos y hacerles decir “sí señor” porque sí o porque no.

Y creo sinceramente que los ciudadanos tenemos derechos, anteriores a cualquier legislación. Un planteamiento demócrata radical diría que no a esto, porque sólo nos asistirían los derechos que nos conceda el parlamento elegido. Yo creo sin embargo, que aceptando la Democracia, el ser humano tiene derechos que no es necesario que se los den graciosamente y que ningún poder tiene derecho a eliminar. La Democracia es el sistema por el cual el derecho positivo de la sociedad sale hacia adelante, pero existen derechos propios del ser humano que no caben ser conculcados ni diezmados por ninguna asamblea. Pero desde el punto de vista liberal, qué es lo que sucede con esos previos que estoy defendiendo aquí. Principalmente creo que existe una diferencia grande entre conservadores-socialistas y por otro lado los liberales. Los del primer grupo creen que el ser humano tiene una serie de obligaciones o rectos caminos que se deben sobrentender, mientras que los liberales podrían situarse en el plano de la admisión de una libertad de elección del ser humano en el sendero de buscar su realización como persona. Eso sí, no admiten los liberales, como ningún ser humano consciente de su dignidad y la de los otros, los delitos que atentan contra la integridad y la vida. El socialista cree en una corrección de las desigualdades que le corresponde al Estado subsanar. El conservador afirma que el ser humano precisa de un comportamiento moral que le viene dado por la tradición de la sociedad. Sin embargo estos presupuestos, que con toda lógica pueden ser apoyados por diversos argumentos, encuentran en la mentalidad liberal un obstáculo. El liberalismo no encorseta al ser humano en una postura u otra, sino que simplemente quiere defender la libertad y dignidad de la persona, frente al poder que le gobierna, es más, advierte que el poder gobernante debe surgir del acuerdo ciudadano mediante el voto.

Desde el punto de vista económico, es frecuente oír en nuestros días que dado que existe una crisis habrá que revisar nuestro sistema económico. Creo que más bien, lo que es necesario revisar es el monopolio y el oligopolio que existe en la economía mundial, en los bloqueos y las patentes que impiden que los productos y mercancías se compren y se vendan libremente. Un sistema que impide que los productores del Tercer Mundo ganen lo que con su trabajo real están consiguiendo fabricar o cultivar.

No podemos aceptar de buen grado que se nos informe de que el sistema va a cambiar, pero no se nos diga cómo, o lo que es peor, que empiecen a intentar abastecernos de dinero, a cambio de arrebatarnos la libertad. Casi se ha escuchado en tono de venganza a varios ministros del actual gobierno, augurar cambios en el sistema y yo me pregunto por qué lo dicen tan violentamente, qué fuerza es la que les hace desear un cambio que por cierto aún no nos han comunicado en qué consiste. Yo creo en la necesidad de cambio de nuestro comportamiento económico y si no hagámonos una serie de preguntas: ¿Pueden todos los hombres de la Tierra ejercer plenamente su libertad? ¿Hay una justa retribución al productor de un bien por su trabajo realizado en todo el planeta? ¿Pueden todos los hombres de este mundo situarse en condiciones que les permita ser auténticamente libres?

Si no tenemos muy embotados los ojos y los oídos habremos respondido cada uno en particular lo que en conciencia sabemos. Pero a pesar de que el liberalismo es amable a nuestra percepción, pensemos un momento en qué fallamos pues en la Historia, las sociedades han preferido en diversos momentos el orden a la libertad, la tiranía a la democracia, el pensamiento único frente a la pluralidad. ¿Hemos vivido los liberales como si fuésemos amantes del orden establecido? ¿Qué respuesta hemos dado a quienes nunca han conocido el éxito? ¿Además de en las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX, dónde hemos destacado?

Estas preguntas no tienen una respuesta ya sabida, sino que de verdad quieren ser un cuestionario breve en el que podamos realizar un examen de conciencia. No podemos permitirnos el lujo de que la sociedad ante una grave crisis se deje llevar por las teorías que le restan capacidad al individuo, ya sea el comunismo o el fascismo, como sí ocurrió en el pasado siglo XX. Hoy, el riesgo de un renacimiento de estas doctrinas es bajo, pero entiéndase que el sistema en el que creemos no puede edificarse de espaldas a la sociedad. Por ello yo quiero plantear una serie de prevenciones que quieren homenajear el liberalismo europeo que supo defender los derechos de libertad e igualdad desde le siglo XVIII y que después de la Segunda Guerra Mundial advirtió que el modelo prebélico no era capaz de hacer frente a crisis como las habidas entre los años 20 y 30 del pasado siglo. Como ya he mantenido en escritos anteriores, fueron liberales también los que se ocuparon de colaborar en la confección del estado de bienestar. Recientemente, creé con permiso de la familia de Joaquín Garrigues Walter una página en la red social Facebook, en su recuerdo. En ella, planteé la pregunta de si es el capitalismo el rasgo definidor de los liberales. No estaba en mi intención dar por sentada ninguna respuesta. En esta ocasión sí quiero darla porque creo que es el lugar adecuado. Creo que la libre economía, comúnmente llamada “capitalismo”, se encuentra cómoda en el tejido intelectual del liberalismo, pero no creo en una sinonimia entre ambos términos, pues liberal excede en contenido al término capitalista. Es más, los liberales pueden cumplir su papel atacando la crisis actual que vive la sociedad occidental, empezando por otras cuestiones y de hecho ya lo ha empezado a hacer. Muestra de ellos es que se han puesto enmarca unos grupos de trabajo cuyos objetivos no son sólo proponer medidas económicas, sino también colaborar en una redefinición de nuestro tipo de Estado, nuestro sistema de organización autonómica, nuestra organización social. Y es que los liberales tienen mucho que decir a la sociedad, porque ésta puede correr el peligro de acomodarse a un estado que mientras les llene el estómago, les prohíba ser ciudadanos de pleno derecho. Y en ese peligro estamos todos inmersos, pues nuestros ideales pueden verse contrastados con la penuria material. Y yo, que soy creyente, tengo bastante confianza en aquello de que nuestro espíritu es decidido, pero nuestra carne muy débil. De manera que propongámonos fortalecer el espíritu ciudadano, sin separarnos del débil, de quien no cosecha éxitos. No cometamos el mismo error que las democracias formales y constitucionales que vieron crecer al enemigo dentro de casa y no pudieron hacer nada para sofocarlo. Recordemos de nuevo Alemania, Italia, Rusia, en el siglo XX, y hoy día Venezuela o la misma Cuba.

Seamos prudentes en nuestra potencial deriva hacia una acomodación en el orden establecido. Acaso es el capitalismo, tal y como lo tenemos en la actualidad, la verdadera economía libre que felizmente coincidiera con las teorías liberales. Como vasco, no puedo dejar de mencionar a mi tierra, en donde la opresión del terrorismo ha incorporado a nuestra sociedad un miedo reverencial a romper con los respetos que ETA quiere implantar en todos nosotros. Cualquier persona decidida a contestar los prejuicios, que con el miedo, la banda ha querido inocular en el país, sería tachada de muy exigente, de muy idealista. ¿Qué nos ocurre? Si en algún lugar corre urgencia el sentido liberal de la convivencia democrática es en Euskadi, donde lo nacional ha estado muy por encima de lo personal durante demasiados años y defendido por las Instituciones además.

Quiero agradecer públicamente al Club Liberal Español que haya invitado a un joven de esa generación que hemos crecido con violencia, Santiago Abascal, para que comparta con ustedes su compromiso, ya largo, en la política vasca.
Tenemos urgencia de liberalismo, pero sinceramente, creo que debidamente alejado de una “moral luterana economicista”, que no nos acerca ni a nuestra historia como liberales y tampoco a la ciudadanía. El Club Liberal y todos los liberales españoles en contacto con él, lo están haciendo. Muchas gracias. 

Fuente: Club Liberal