16 de noviembre de 2009

Liberalismo

Enviado por latiniando

INTRODUCCION:

El liberalismo se presenta en la historia política constituyendo una nueva versión de sociedad, la sociedad liberal, sobre la que se construye lo político y cuyos cuadros pueden ser encerrados en las nociones básicas del individualismo y libertad.

Este trabajo fue construido sobre dos bases: la histórica y la de contenido. En la primera analizo la raíz del Liberalismo y en la segunda trato de desarrollar su postura.

INDICE:

Como surgió el Liberalismo

John Locke

Caracteres principales del liberalismo

Concepción filosófica

Ideología Liberal

Lo postivo del liberalismo

EL LIBERALISMO

Como surgió el Liberalismo

El liberalismo surge como la síntesis de varios elementos: el inmovilismo de la economía medieval, el antropocentrismo renacentista, el racionalismo y el utilitarismo, el protestantismo, que van conjugándose y adaptándose recíprocamente durante varios siglos. Pero los factores que actúan como catalizadores de realidades e ideologías heterogéneas y divergentes serán la concepción antropológica individualista y la de una libertad absoluta y omnímoda.

JOHN LOCKE

La palabra liberalismo es multívoca y encubre una serie de contenidos de carácter político, social y económico, que muchas veces nuclea a hombres que se encuentran en posiciones totalmente discrepantes.

Hay un liberalismo filosófico, liberalismo económico, liberalismo político, neo-lieralismos. En la Historia de las ideas y de las realizaciones políticas argentinas, en la década del 80, se enfrentaron un tipo de liberalismo LAICISTA - sostenido por Eduardo WILDE - y el roquismo; y otro tipo de liberalismo sostenido por ESTRADA, ACHAVAL y GOYENA, muy distinto por cierto, al primero.

De allí, que al hablar de LOCKE - a quien se considera en general como padre del liberalismo- debamos precisar qué tipo de liberalismo es el preconizado por LOCKE. Hemos visto la línea absolutista, que se encuentra representada por los Estuardos, JACOBO I, CARLOS I, CARLOS II y finalmente, el último JACOBO II. Y también por los escritores que avalan las tesis absolutistas como FILLMER y HOBBES.

En 1688 se produce la disposición del último Estuardo. Jacobo II encontró grandes resistencias en Inglaterra por su absolutismo, y también por su catolicismo. Finalmente llega a Inglaterra GUILLERMO de ORANGE -que viene de Holanda- que es yerno de Jacobo II, y se produce así, esta revolución que los ingleses denominan "gloriosa" o "revolución sin sangre"; que significaba la consolidación del liberalismo político en Inglaterra, o mejor aún, la confirmación de la supremacía del Parlamento frente a las prerrogativas de la Corona. Esta revolución de 1688, significa prolongar esa vieja línea inglesa que se remonta a la Edad Media, y que tuvo una clara expresión en 1215 al suscribirse la Carta Magna; y que periódicamente se pone de manifiesto a través de la suscripción de Bills of Wrights. Los privilegios que primero se defienden contra la Corona o contra determinados sectores, paulatinamente van transformándose en DERECHOS INDIVIDUALES para toda la población. Todavía, en 1688, hay discriminaciones

-particularmente con los católicos que son minoría-, pero poco a poco, esta corriente liberal irá propendiendo la preservación de los derechos individuales para todos los habitantes de gran Bretaña. Este es el liberalismo de LOCKE. El liberalismo que afirma la existencia de derechos individuales anteriores al Estado; liberalismo que es la antítesis del absolutismo. Liberalismo que encuentra su pontífice, su justificador, su gran sistematizador, en JOHN LOCKE.

En 1688, Locke se encuentra en el exilio en Holanda. En 1689, cuando la hija de Jacobo I viaja a Inglaterra para ser coronada con Guillermo de Orange, va en el mismo barco John Locke quien trae en sus maletas dos ensayos inéditos, uno sobre el entendimiento humano; el otro se titula "Dos tratados sobre el Gobierno Civil". En estos libros, Locke pone de manifiesto la promiscua influencia que en él han ejercido distintas corrientes doctrinarias. Locke estudió en la Universidad de Oxford. En el siglo XVII, la enseñanza se impartía todavía, según cánones rigurosamente escolásticos. Además, si leemos este pequeño libro de Locke, "Dos tratados sobre el Gobierno Civil", o mejor dicho "Segundo ensayo sobre el Gobierno Civil", porque al primero ya no se lo edita, por cuanto se trata simplemente de una refutación a Fillmer, que hoy no tiene importancia. Si lo leemos veremos que periódicamente Locke cita a Hooker. Y Hooker es justamente un Tomista anglicano inglés que se opuso al absolutismo de Fillmer. Así, a través de Hooker, Locke se vincula a la vieja tradición populista del medioevo -particularmente a la sistematización de Santo Tomás de Aquino-. Como consecuencia de esta influencia medieval manifiesta, en Locke se advierten las limitaciones éticas al ejercicio del poder; que son por cierto ajenas a la línea absolutista de Hobbes. Pero al mismo tiempo, Locke - que ha residido en Holanda- ha recibido también el impacto de la nueva filosofía de DESCARTES, de la crítica a la teoría del conocimiento tradicional, Locke en su ensayo sobre el entendimiento humano, es un precursor del posterior empirismo inglés, que tiene expositores como HUME, y que paulatinamente va evolucionando hacia un pragmatismo, hacia un utilitarismo, hacia un hedonismo.

En Locke, hay una dosis de pesimismo en cuanto a la posibilidad de conocer el mundo del espíritu. Es un psicologismo precursor -como dijéramos- de ese empirismo prototípico de Hume.

Y aquí, al computar estas dos influencias, encontramos desde ya una contradicción importante en el pensamiento de Locke, porque la lectura de su "Ensayo sobre el Gobierno Civil" nos revela la existencia de limitaciones éticas de gran envergadura, que son como el sostén de todos sus tratados. Hay una constante afirmación de la prioridad de la ley natural y de la moral. Y realmente, para hablar de ley natural y de moral es necesario tener una epistemología optimista, una gnoseología que nos permita conocer las cosas en sí mismas, conocer pautas de verdad, y no exclusivamente adherirnos a una fenomenología que nos impida conocer ontológicamente las cosas en sí mismas. Salvo que lleguemos a esta ética práctica, a través de un juicio práctico, al estilo de KANT. Lo cierto es que el posterior empirismo inglés, evoluciona más bien hacia un hedonismo, hacia un egoísmo, hacia el cálculo del placer como elemento único para distinguir el bien individual.

En Locke, aún cuando le falta una adecuado sustento filosófico, sin embargo, las limitaciones de carácter ético se encuentran presentes a lo largo de toda su obra.

Locke toma como punto de partida una noción, una ficción política compartida por los voluntaristas: el ESTADO DE NATURALEZA, el estado pre-social, el estado pre-político. Y esto, porque Locke es profundamente individualista; y considera que incluso el acceso a la politicidad se opera como consecuencia de un acto de voluntad libre.

Los hombres - en este estado de naturaleza- viven en situación relativamente feliz. Es un estado de naturaleza que difiere del descrito por Hobbes. La antropología de Locke no es tan pesimista como la de Hobbes. Este pretendía que "el hombre es un lobo para el hombre". Tampoco incurre Locke, en las desviaciones mitológicas de Rousseau sobre la bondad del hombre en el estado de naturaleza. La concepción de Locke es una concepción judeocristiana. El hombre tiene una naturaleza caída, como consecuencia del pecado original. Y los hombres - en el estado de naturaleza - viven en situación de relativa felicidad y son titulares de derechos individuales, que Locke - en su libro - a veces engloba bajo en término PROPERTY, que mal traducido figura en la edición castellana, como "propiedad". El mismo en otras páginas aclara que en esta palabra involucra: derecho a la vida, derecho a la seguridad, derecho a las libertades individuales y el derecho a la propiedad.

Con relación a la propiedad inmueble, dice que también ante la primitiva no-ocupación, el hombre ha cercado y ha mezclado su trabajo personal con la tierra, generándose así el derecho de propiedad. Por cierto, descarta que este derecho de propiedad podrá ser compartido por muchos.

Todo esto nos indica que Locke tenía una noción no-absoluta e ilimitada del derecho de propiedad, no obstante ser - como es - el padre del liberalismo.

Los hombres pues, para preservar y disfrutar mejor de estos derechos individuales, resuelven abandonar la etapa pre-social y pre-política, formulando así un contrato multilateral que es distinto al de Hobbes y al de Rosseau. Porque aquí, los hombres no se alienan, no se enajenan totalmente, no entregan la totalidad de los derechos individuales.

La única atribución que los hombres entregan, es esa de repeler mediante la fuerza, la agresión ajena. Es el PODER COACTIVO, que pasará ahora a ser patrimonio del Estado que se forma en este contrato multilateral. Justamente, para garantizar la segura represión de la violación de los derechos individuales. Y, aunque Locke no distingue claramente dos etapas contractuales, como los neo-escolásticos españoles - particularmente MARIANA, implícitamente surge en sus capítulos, la existencia de esos dos períodos. El primero, un contrato multilateral para formar la comunidad política. El segundo, un pacto bilateral con obligaciones recíprocas para gobernantes y gobernados, tendiente a determinar quién ha de ejercer el poder estatal.

Hemos visto que los hombres han salido del estado de naturaleza para mejor preservar los derechos individuales. Y aquí es interesante señalar que el aspecto negativo - si se quiere - del liberalismo primigenio, no es justamente la afirmación de los derechos individuales; sino la ausencia de una clara noción - en Locke - de bien común. Y en este sentido, no aprovecha cabalmente las enseñanzas de Sto. Tomás de Aquino, a pesar de conocerlas por su formación escolástica. Hay en Locke, una presencia constante de la Justicia conmutativa, que regula las relaciones entre los ciudadanos. Y también la Justicia distributiva conforme a la cual, la autoridad está facultada para imponer determinadas sanciones - por ejemplo - a los transgresores. Pero se encuentra ausente una clara sistematización de la JUSTICIA LEGAL, que hoy se denomina Justicia Social. Y que ya Sto. Tomás la distingue en su clasificación tripartita de la Justicia. Si leemos algunos escritos del Papa Pío XI, o la encíclica "Pacem in Terris" de Juan XXIII, veremos que desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia se dice que en nuestro tiempo se considera logrado el bien común cuando se encuentran preservados y garantizados los derechos y los deberes de la persona humana.

Pero la diferencia grande entre la posición del liberalismo primigenio y esta otra posición, radica en que aquí, estos derechos personales y sociales, son encarados en función del bien común. Para ello, el gobernante es un servidor de la comunidad; es alguien que debe promover el bien común.

En el liberalismo primigenio de Locke, el gobernante ha recibido exclusivamente la facultad de reprimir las violaciones que los hombres hagan, de los derechos individuales del prójimo. Locke no está diseñando el esquema del estado gendarme, del estado policía; del estado arquetípico del Liberalismo; que no interviene ni en lo económico ni en lo social, que cuida el orden en las calles. Y en esta perspectiva preserva la existencia de los bienes particulares, tal cual se encuentran. Y esto, en la práctica, se traduce en el disfrute de esos derechos individuales, exclusivamente por el sector que de hecho puede ejercerlos.

En cambio, en la perspectiva de Juan XXIII, - o en la anterior de Pío XI - estos derechos personales y sociales son concebidos en forma integral para todos. Y el gobernante no tiene un simple rol de espectador - como en el primigenio liberalismo - sino que actúa en función de ese principio de subsidiaridad, que nítidamente ya, describe Pío XI en "Quadragessimo anno", conforme al cual, el estado interviene de manera supletoria para promover, para coordinar, para suplir la iniciativa privada de las personas y de los grupos; en orden siempre, al bien común. Hay allí, una clara visión de la Justicia Legal y del bien común, que se encuentran por momentos esbozados por Locke, pero no ahondados. Al menos, los seguidores y continuadores del liberalismo, teóricamente

- porque en la práctica esto no fue siempre aplicable - preconizaron este estado gendarme; el estado que no interviene ni en lo económico ni en lo educacional, ni en lo social.

Locke, a diferencia de Rosseau, advierte la posibilidad de que quien ejerza el poder, en lugar de promover el respeto a los derechos individuales tal cual están, se transforme en tirano. Y aquí estamos nuevamente en el plano de las influencias tomistas. Incluso por momentos Locke utiliza el mismo léxico - cuando habla de que sedicioso es, en estos casos, no quien resiste al tirano sino el propio tirano -. Y Locke está pensando aquí posiblemente en Carlos II o en Jacobo II, y está procurando legitimar la revolución de 1688. Locke afirma nítidamente, pues, el derecho de resistencia contra los distintos órganos en que se organiza el poder. Porque en Locke ya hay un preanuncio de la división de funciones, que luego va a diseñar Montesquieu. Habla de un Poder Legislativo que debe procurar - dice - la libertad; de un Poder Ejecutivo, que será ejercido por el rey y de un Poder Federativo que ubica también en la persona del rey.

Locke admite la posibilidad de que el rey se transforme en tirano, en cuyo caso, agotados los medios humanos, los hombres pueden apelar al cielo; así llama él al derecho de resistencia. E implícitamente lo admite contra el Parlamento, porque afirma que éste está sujeto a las determinaciones inviolables de la ley natural. En esta perspectiva, Locke resuelve la problemática de estado y derecho, siguiendo esa vieja tradición, que se remonta a los estoicos romanos, afirmando la prioridad del derecho. La existencia de normas éticas - porque el derecho en la perspectiva del hombre es una rama de la ética - irrenunciables, que deben ser observadas por los gobernantes. Lamentablemente su débil gnoseología y epistemología, favorecerá la evolución en Inglaterra de este liberalismo

-no en función de pautas éticas- sino más bien, en función del egoísmo y del placer.

La influencia de Locke, ha sido profunda y manifiesta. Además de ser el padre del liberalismo, es el padre y el propulsor del constitucionalismo. Porque el constitucionalismo es una corriente jurídica y política, que propende a la preservación de los derechos individuales, a cuyo efecto recurre a la sanción de CÓDIGOS en los cuales se declaran inviolables esos derechos y en los que se establecen una división de las funciones, para evitar que se entronice el despotismo. Locke, pues, es el padre del constitucionalismo de Occidente. Su influencia en los EE.UU., para uno de cuyos estados proyectó incluso, un esbozo de constitución, es manifiesta. La declaración de la independencia, cuyo texto se atribuye a Jefferson, está redactada en términos que nos recuerdan de manera casi literal la obra de Locke. La Constitución de Philadelfia de 1787 también es recipiendaria de su influencia. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, también nos pone de relieve la presencia de Locke en el pensamiento francés precursor de este movimiento.

Claro está que la revolución de 1688 en Inglaterra, fue eminentemente política. "La Historia Inglesa - dice Garcia Pelayo - es un cauce a través del cual pasa la vida". Y "los movimientos, con frecuencia se realizan no para abandonar un cauce, sino para retornar a una cauce abandonado". Y aquí, en este caso, los ingleses procuraban reencontrarse con esa vieja tradición jalonada por sucesivos bills of rights. Los ingleses tuvieron una noción de la libertad, muy concreta. Libertades específicas: libertad de reunión, libertad de palabra, libertad de movimiento; libertades concretas. Esta afirmación de la libertad frente al absolutismo, al trasladarse a Francia, adquiere contornos distintos; justamente porque el absolutismo había prendido allí tan fuertemente, que se había quebrado ya el vinculo con la vieja libertad populista de la Edad Media. Así, explicablemente, los escritos de los franceses precursores de la Revolución Francesa se vinculan más bien a una libertad abstracta un tanto distante y diferente de las libertades concretas de los anglosajones.

En la Revolución Francesa se adorará a la nueva Diosa Razón. Con la Revolución triunfa:

  • El liberalismo como ideología
  • El capitalismo económico como sistema
  • El laicismo como espíritu

Cuando se habla hoy de "liberalismo" se está incluyendo las tres cosas.

Sin embargo, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, advertimos la afirmación del derecho a la vida, a la seguridad, a la libertad, a la resistencia, a la opresión, en términos similares a los diseñados por Locke. Claro está que en esta Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se advierten las dos influencias no distinguidas por los contemporáneos: en un sentido, este liberalismo precursor del constitucionalismo - que en Occidente después evoluciona paulatinamente y se transforma de constitucionalismo individual, en constitucionalismo social; y que acuerda entonces, ahora sí, al estado, un rol supletorio para la promoción del bien común -. Pero tanto el constitucionalismo individual, como el constitucionalismo social, tienen en común, la afirmación de derechos personales anteriores al estado: la afirmación de que el derecho precede al estado. En la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se encuentra también presente la otra influencia; la influencia absolutista que en Rosseau se disfraza de democracia; y que en los sucesos posteriores a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano prevaleció a través de los jacobinos, que dieron a Francia un baño de sangre, en nombre de la voluntad general. También hemos indicado que en el s. XX - esta corriente absolutista y democratista - evoluciona y es - a decir de George Burdeau - el "back ground" de las llamadas democracias populares. Rosseau, es pues, el precursor - en el s. XVIII - del marxismo-leninismo. Y Locke y Montesquieu, son los precursores del constitucionalismo de Occidente.

Caracteres principales del liberalismo

  1. Individualismo. Opone a la concepción comunitaria cristiana medieval el culto de la personalidad. El individuo aparece en el nominalismo y en la Reforma protestante con su famoso "libre examen"que luego será la "libertad de conciencia".
  2. Aurtonomismo moral. Se relativiza la ética y se subjetiviza el juicio moral. En el fondo el liberalismo esconde un gran escepticismo respecto de la verdad. El valor absoluto deja de ser el Ser (la Verdad) para pasar a la Libertad.
  3. La bondad natural del hombre. Antropológicamente, el liberalismo postulará con Rousseau la teoría del "buen salvaje" y extrapolará el mal de la sociedad.
  4. El racionalismo laicista.La verdadera fuente de luz y progreso será la razón y no la fe.
  5. El utopismo o la creencia en el nuevo paraíso terrenal. La idea de un estadio feliz se traslada del comienzo de la humanidad al futuro. Pero esto exige un nuevo mesianismo. Y ese mesianismo tienen un motor: La Libertad. Cuando el hombre sea libre e instruido podrá construir "el paraíso de aquende". Es el "despotismo ilustrado" del liberalismo. Así se expresa su utopismo agresivo, típico de las ideologías modernas.
  6. El contractualismo social. Lo social no es una realidad natural en el hombre. Se origina en un contrato.
  7. El democratismo. Si los hombres son iguales y naturalmente buenos, si al origen de la sociedad hay simplemente un contrato, es obvio que nadie puede arrogarse el poder político. Pero la sociedad no -hoy por hoy- no puede existir son gobierno, y por lo tanto sin poder o soberanía política.

Concepción filosófica

El liberalismo es una doctrina filosófica y política que se caracteriza por ser una concepción individualista, en otras palabras, es una concepción para la cual el individuo y no los grupos constituyen la verdadera esencia; citando nuevamente a García Pelayo: "Los valores individuales son superiores a los colectivos y el individuo decide su destino y hace historia".

En su aspecto predominantemente filosófico, el liberalismo es una posición intelectual que basa exclusivamente en la fuerza de la razón la posibilidad de interpretar los fenómenos, con autonomía de todo principio que se considere absoluto o superior. Particularmente por este aspecto -desvincular al individuo de toda instancia sobrenatural- ha sido motivo de condenaciones pontificias.

Puede, empero, hablarse también más específicamente de un liberalismo político

-sin desconocer en éste aquella influencia política-, que centra su punto de vista en las relaciones entre los individuos y el Estado; o de un liberalismo económico, referido a la limitación de los controles de la economía.

Ideología Liberal

En realidad lo que en filosofía pretenden los naturalistas o racionalistas, eso mismo pretenden en la moral y en la política los fautores del Liberalismo, los cuales no hacen sino aplicar a las costumbres y acciones de la vida los principios sentados por los partidarios del naturalismo. Ahora bien; lo principal de todo el naturalismo es la soberanía de la razón humana que, negando a la divina y eterna la obediencia debida, y declarándose a sí misma sui juris, se hace a sí propio sumo principio, y fuente y juez de la verdad. Así también los discípulos del Liberalismo, pretenden que en el ejercicio de la vida ninguna potestad divina haya que obedecer, sino que cada uno es la ley para sí, de donde nace esa moral que llaman independiente que, apartando a la voluntad, bajo pretexto de libertad, de la observancia de los preceptos divinos, suelen conceder al hombre una licencia sin límites. Fácil es adivinar a dónde conduce todo esto, especialmente al hombre al que vive en sociedad. Porque una vez restablecido y persuadido que nada tiene autoridad sobre el hombre, síguese no estar fuera de él y sobre él la causa eficiente de la comunidad y sociedad civil, sino en la libre voluntad de los individuos, tener la potestad pública su primer origen en la multitud, y además, como en cada uno la propia razón es único guía y norma de las acciones privadas, debe serlo también la de todos para todos.

El poder es proporcional al número, la mayoría del pueblo es la autora de todo derecho y obligación.


Pero bien claramente resulta de lo dicho cuán repugnante sea todo esto. A la razón repugna en efecto sobremanera, no sólo a la naturaleza del hombre, sino a la de todas las cosas creadas, el querer que no intervenga vínculo alguno entre el hombre o la sociedad civil y Dios, Creador, y por tanto Legislador Supremo y Universal, porque todo lo hecho tiene forzosamente algún lazo para que lo una con la causa que lo hizo y es cosa conveniente a todas las naturalezas, y aun pertenece a la perfección de cada una de ellas, el contenerse en el lugar y el grado que pide el orden natural, esto es, que lo inferior se someta y deje gobernar por lo que es superior.

Es además esta doctrina perniciosísima, no menor a las naciones que a los particulares. Y en efecto, dejando el juicio de lo bueno y verdadero a la razón humana sola y única, desaparece la distinción propia del bien y del mal; lo torpe y lo honesto no se diferenciarán en realidad, sino según la opinión y juicio de cada uno; será lícito cuando agrada y, establecida una moral, sin fuerza casi para contener y calmar los perturbados movimientos del alma, quedará naturalmente abierta la puerta a toda corrupción.

En cuanto a la cosa pública, la facultad de mandar se separa del verdadero y natural principio, de donde toma toda la vida para obrar el bien común; y la ley establece lo que se ha de hacer y omitir, se deja al arbitrio de la multitud más numerosa, lo cual es una pendiente que conduce a la tiranía.

Rechazado el imperio de Dios en el hombre y en la sociedad, es consiguiente que no hay públicamente religión alguna, y se seguirá la mayor incuria en todo lo que se refiere a la Religión. Y asimismo, armada la multitud con la creencia de su propia soberanía, se precipitará fácilmente a promover turbulencias y sediciones.

Los fautores del Liberalismo, que dan al Estado un poder despótico y sin límites y pregonan que hemos de vivir sin tener para nada en cuenta a Dios...

(León XIII, Libertas, 19).

Es imprescindible que el hombre se mantenga verdadera y perfectamente bajo el dominio de Dios; por tanto no puede concebirse la libertad del hombre, si no está sumisa y sujeta a Dios y a su voluntad. Negar a Dios este dominio o no querer sufrirlo no es propio del hombre libre, sino del que abusa de la libertad para rebelarse; en esta disposición de ánimo es donde propiamente se fragua y completa el vicio capital del Liberalismo. El cual tiene múltiples formas, porque la voluntad puede separarse de la obediencia debida a Dios, o los que participan de su autoridad, no del mismo modo ni en un mismo grado.

Están los que dicen que conviene someterse a Dios, Creador y Señor del mundo, y por cuya voluntad se gobierna toda la naturaleza; pero audazmente rechazan las leyes, que exceden la naturaleza, comunicadas por el mismo Dios en puntos de dogma y de moral, o al menos aseguran que no hay por qué tomarlas en cuenta singularmente en las cosas públicas.

De esta doctrina mana, como de origen y principio, la perniciosa teoría de la separación de la Iglesia y del Estado; siendo por el contrario, cosa patente, que ambas potestades, bien que diferentes en oficios y desiguales por su categoría, es necesario que vayan acordes en sus actos y se presten mutuos servicios.

Muchos pretenden que la Iglesia se separe del Estado toda ella y en todo; de modo que en todo el derecho público, en las instituciones, en las costumbres, en las leyes, en los cargos de Estado, en la educación de la juventud, no se mire a la Iglesia más que como si no existiese; concediendo a lo más a los ciudadanos la facultad de no tener religión, si les place, privadamente. Contra esto tienen toda su fuerza los argumentos con que refutamos la separación de la Iglesia y del Estado, añadiendo ser cosa aburridísima que el ciudadano respete a la Iglesia y el Estado la desprecie.

Otros no se oponen, ni podrían oponerse, a que la Iglesia exista, pero le niegan la naturaleza y los derechos propios de sociedad perfecta, pretendiendo no competirle hacer leyes, juzgar, castigar, sino sólo exhortar, persuadir y aun regir a los que espontáneamente se le sujetan. Así adulteran la naturaleza de esta sociedad divina, debilitan y estrechan su autoridad, su magisterio, toda su eficacia, exagerando al mismo tiempo la fuerza y potestad del Estado hasta el punto de que la Iglesia de Cristo quede sometida al imperio y jurisdicción del Estado, no menos que cualquier asociación voluntaria de los ciudadanos.

Ningún tiempo hay que pueda estar sin religión, si verdad, sin justicia, y como estas cosas supremas y santísimas han sido encomendadas por Dios a la tutela de la Iglesia, nada hay tan extraño como el pretender de ellas que sufra con disimulación lo que es falso o injusto, o sea conveniente en lo que daña a la religión.

La encíclica Rerum novarum, efectivamente, al vacilar los principios del liberalismo, que desde hacía tiempo venían impidiendo una labor eficaz de los gobernantes, impulsó a los pueblos mismos a fomentar más verdadera e intensivamente una política social. (Pío XI, Quadragersimo anno, 27).

Para explicar como el comunismo ha conseguido ser aceptado sin examen por tan grande muchedumbre de obreros, conviene recordar qué estos ya estaban preparados por el abandono religioso y moral en que habían sido dejados por la economía liberal. Con los turnos de trabajo dominical no se daba a los obreros tiempo para satisfacer los más grandes deberes religiosos en los días festivos, y no se pensó en construir iglesias junto a las fábricas ni en facilitar la acción del sacerdote, antes, por el contrario, se continuó promoviendo positivamente el laicismo. Y no es de extrañar que en el mundo ya ampliamente descristianizado se difunda el error comunista.

Y mientras el Estado, durante el siglo XIX, por una soberbia exaltación de la libertad, consideraba como único fin suyo el tutelar la libertad con el derecho, León XIII le avisó que también era deber suyo aplicarse a la previsión social, cuidando el bienestar de todos los desheredados, con una amplia política social y con la creación de un derecho del trabajo.

León XIII al dirigir su encíclica al mundo, señaló a la conciencia de los cristianos los errores y peligros de una materialista concepción del socialismo, las consecuencias fatales del liberalismo económico, tan frecuentemente despreciativo, olvidadizo o incomprensivo de los deberes sociales, y expuso con claridad maestra y maravillosa precisión los principios que eran necesarios y adecuados para mejorar -gradual y pacíficamente- la suerte material y espiritual del obrero.

En el campo social la desfiguración de los designios de Dios se ha llevado a cabo en la misma raíz, deformando la imagen divina del hombre. A su real fisonomía de criatura, que tiene origen y destino en Dios, se ha sustituido con el falso retrato de un hombre autónomo en la conciencia, legislador incontrolable en sí mismo, irresponsable hacia sus semejantes y hacia el complejo social, sin otro destino fuera de la tierra, sin otro fin que el goce de los bienes finitos, sin otra norma que la del hecho consumado y de la satisfacción indisciplinada de sus concupiscencias.

De aquí ha nacido y se ha consolidado durante varios lustros, en las más variadas aplicaciones de la vida pública y privada, aquel orden excesivamente individualista, que hoy está en grave crisis casi por todas partes. Pero nada mejor han aportado los sucesivos innovadores, los cuales, partiendo de las mismas premisas erróneas y torciendo por otro camino, han conducido a consecuencias no menos funestas, hasta la total subversión del orden divino, el desprecio de la dignidad de la persona humana, la negación de las libertades más sagradas y fundamentales, el predominio de una sola clase sobre las otras, la servidumbre de toda persona y cosa al Estado totalitario, la legitimación de la violencia y el ateísmo militante.

Tampoco apoya el cristianismo la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.

Por otra parte se asiste a una renovación de la ideología liberal. Esta corriente se apoya en el argumento de la eficiencia económica, en la voluntad de defender al individuo contra el dominio cada vez más invasor de las organizaciones, y también frente a las tendencias totalitarias de los poderes políticos. Ciertamente hay que mantener y desarrollar la iniciativa personal. Pero los cristianos que se comprometen en esta línea, ¿no tienden a idealizar al liberalismo? Ellos querrían un modelo nuevo, más adaptado a las condiciones actuales, olvidando facilmente que en su raíz misma el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del individuo en su actividad, sus motivaciones, el ejercicio de su libertad. Por todo ello, la ideología liberal requiere un atento discernimiento por parte de los cristianos.

Lo positivo del Liberalismo

El liberalismo es una postura esencialmente errónea pero que en la medida qie matiza esos errores puede accidentalmente producir efectos aceptables.

El capitalismo aún en su versión liberal ha incrementado la productividad económica.

El democratismo, una mayor participación, responsabilidad e instrucción del pueblo es un bien para ese pueblo y para la sociedad.

CONCLUSION:

Toda concepción, teoría política tiene como punto de partida el concepto del Hombre. Santo Tomás dijo que según se piense acerca del fin hombre se pensará el fin de la teoría política.

El Liberalismo tiene una característica muy peculiar, reduce toda la realidad al sujeto. El hombre es la causa, el principio y el término de toda la actividad creadora. De esta forma se lo eleva al sujeto a un podio que no le corresponde, el de autosuficiente. Es un humanismo ateo, niega la existencia de todo lo sobrenatural (a pesar de que se puede deducir por sentido común que existe un ordenador) por ende niega a Dios creador y providente. No hay otra vida que no sea la terrenal, además agrega que la Iglesia se equivoca constantemente.

Para el liberalismo el hombre se desarrolla cuando expande su riqueza... tal vez se sientan complacidos materialmente pero el espíritu tendrá en su cuenta una gran deuda.


Fuente: Monografias


15 de noviembre de 2009

Guía temática de política: LIBERALISMO

Ficha bibliográfica
Titulo: Guía temática de política
Autores: Biblioteca Luis Angel Arango
Edición original: 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2005
Notas: Guia de ayuda de tareas

El liberalismo político comienza con la lucha de la burguesía contra el poder absolutista de la nobleza, esta lucha se dio en el período de transición que va del feudalismo a la primera etapa del capitalismo burgués.

El liberalismo es una ideología política que, desde un principio, abogó por la igualdad formal frente al poder jerárquico y hereditario. Su bandera de lucha fue la de la igualdad de oportunidades para todos, de tal suerte que las riquezas se incrementasen con base en la libre circulación de capital.

Gracias al liberalismo, la sociedad civil ya no estaría mas regulada por el |statu quo sino por contratos que facilitaran las libre circulación de mercancías y de propiedades, pues fundamentaba su acción en la posibilidad de construir una sociedad libre en donde la sociedad fuera el resultado de la construcción de individuos libres que se relacionaran entre sí por sus propias capacidades y por lo que habían adquirido con dichas capacidades; estas relaciones sociales deberían estar guiadas por el intercambio entre propietarios y la política seria el mejor medio para mantener la protección a la propiedad y mantener el orden en las relaciones de cambio.

Es así como en el siglo XVI se acaba con la autoridad eclesiástica en lo que a la protección y control de la economía se refiere, haciendo que el Estado reemplazase a la Iglesia como vigilante del bienestar económico de la sociedad.

El liberalismo es una ideología que se establece de acuerdo con el supuesto del derecho natural en el cual los hombres nacen libres e iguales y deben permanecer a lo largo de su vida de esta manera.

La igualdad se entiende de manera formal; es decir, ante el Estado, todos los hombres son iguales, así esto no quiera decir que como personas individuales lo sean; la igualdad se establece ante la ley y ayuda a facilitar el desarrollo de la personalidad y de la propiedad, lo que hace que el Estado tenga limites en su capacidad de intervención de dichas libertades.

El liberalismo político expresó claramente, en todas las constituciones que se proclamaron en su nombre durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, que todo lo que no esta expresamente prohibido esta tácitamente permitido; es por esto que, en la mayoría de los países en los cuales el liberalismo político esta vigente, hay un poder ejecutivo, legislativo y judicial pues tienen que existir controles que impidan que la anarquía o el despotismo imperen al interior de un Estado.

En la Biblioteca virtual puede obtener más información sobre este tema en:

Doctrina y organización del liberalismo a través de la historia colombiana Prólogo del libro |Origen, programas y tesis del liberalismo, en el que Otto Morales Benítez hace un recorrido por la historia del liberalismo colombiano.

El origen del MRL (1957-1960) y su conversión en disidencia radical del liberalismo colombiano Artículo de César Augusto Ayala sobre la generación de jóvenes liberales entre 1957 y 1960. En: |Anuario colombiano de historia social y de la cultura, núm. 22. 1995.

Las declaraciones de derechos Texto de Gerardo Molina sobre el constitucionalismo y las declaraciones de derechos producto del liberalismo.

La democracia representativa Texto de Gerardo Molina sobre cómo el liberalismo hizo suya la fórmula de la democracia representativa.

Las ideas de John Locke Escrito de Gerardo Molina sobre el pensador que fijó el ideario del liberalismo, hace parte del libro |Breviario de ideas políticas.

El siglo XVIII o la embriaguez de la libertad Texto de Gerardo Molina sobre consolidación del liberalismo en los países más adelantados.

Origen, programas y tesis del liberalismo Edición electrónica del libro de Otto Morales Benítez en el que analiza los orígenes, la doctrina y la organización del liberalismo en Colombia.

Historia de las ideas de Colombia selección de artículos

Revista |Credencial historia , 1997 Edición 91 de julio de 1997.

El liberalismo y el Estado Texto de Gerardo Molina sobre las ideas del liberalismo frente al Estado.

Liberalismo clásico y neoliberalismo Texto de Alejandro López.

Lleras Restrepo y él liberalismo moderno Gerardo Molina expone el pensamiento liberal de este político colombiano.

El liberalismo moderno en Colombia Texto de Gerardo Molina sobre la carta del Nuevo Liberalismo y su impulso en Colombia.

Rafael Uribe Uribe En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez recopila algunos documentos escritos por Rafael Uribe en los que plantea sus tesis sobre el desarrollo del liberalismo.

Carlos Lleras Restrepo En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez estudia el liberalismo colombiano durante el año de 1972, cuyo mayor exponente fue Carlos Lleras Restrepo.

Tumban a Sanclemente Capítulo que hace parte del libro Sanclemente, Marroquín, el liberalismo y Panamá, en el que Otto Morales Benítez estudia el golpe de estado que, sin la ayuda del pueblo, le dieron a Sanclemente, la actitud del liberalismo y el juicio sobre Marroquín.

Lucha religiosa contra el liberalismo Capítulo que hace parte del libro Sanclemente, Marroquín, el liberalismo y Panamá, en el que Otto Morales Benítez pone de relieve la situación de conflicto social que reinaba en Colombia a finales del siglo XIX.

Acerca de las interpretaciones socioeconómicas de la política en la Colombia del siglo XIX: variaciones sobre un tema Ensayo de Frank Safford sobre las interpretaciones socioeconómicas de la política del siglo XIX en Colombia. En: |Anuario colombiano de historia social y de la cultura, núm. 13-14, 1985-1986.

El gaitanismo y la insurrección del 9 de abril en provincia Ensayo de Gonzalo Sánchez G. sobre los hechos del 9 de abril y su resonancia en la provincia. En: |Anuario colombiano de historia social y de la cultura, núm. 10, 1982.

Las sociedades democráticas de artesanos y la coyuntura política y social colombiana de 1848 Artículo de Jaime Jaramillo Uribe sobre la influencia de las reformas políticas realizadas entre 1848 y 1854. En: |Anuario colombiano de historia social y de la cultura, núm. 8, 1976.

Alberto Lleras. El último republicano Reseña de Eduardo Sáenz Rovner sobre el libro de Leopoldo Villar Borda en torno a la biografía de Alberto Lleras Camargo. En: |Anuario colombiano de historia social y de la cultura, núm. 25, 1998.

La socialdemocracia en Colombia Texto de Gerardo Molina sobre la crisis del liberalismo en Colombia y la incursión de las ideas socialdemócratas.

Las ideas de Kennedy Texto de Gerardo Molina sobre la formulación de un nuevo liberalismo por parte de John F. Kennedy.

Las ideas de Keynes Texto de Gerardo Molina sobre las ideas económicas y políticas de Keynes.

Los fisiócratas Texto de Gerardo Molina en el cual habla sobre el papel y la historia del movimiento fisiócrata en el liberalismo.

El siglo XVIII o la embriaguez de la libertad Texto de Gerardo Molina sobre la consolidación del liberalismo en los países más adelantados.

El liberalismo Texto de Gerardo Molina sobre los fundamentos de la doctrina liberal (hace parte del libro |Breviario de ideas políticas).

Jorge Eliécer Gaitán Biografías, cronología, bibliografía, textos y discursos políticos, el 9 de abril y la violencia en Colombia.

Liberalismo clásico y neoliberalismo Texto de Alejandro López.

Fueron foros fieros Reseña de Pedro Yudes sobre el libro |Encuentros y foros del liberalismo, recopilación de documentos de la Biblioteca del pensamiento liberal colombiano.

Liberalismo económico y artesanado en la Colombia decimonónica Texto de Renán Vega sobre la evolución del artesanado colombiano durante la segunda mitad del siglo XIX.

Liberalismo clásico y neoliberalismo Texto de Alejandro López.

El liberalismo y la transformación política de 1936 Texto de Alfonso López.El liberalismo, sus programas y la cuestión religiosa Documento redactado por Rafael Uribe Uribe.líticos en Colombia, de Jorge Orlando Melo (compilador), Manuel María Madiedo expone las principales ideas del liberalismo en la Nueva Granada.

El liberalismo, sus programas y la cuestión religiosa Documento redactado por Rafael Uribe Uribe

Alejandro López En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez muestra el programa político liberal de Alejandro López.

Benjamín Herrera En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez recopila algunos documentos escritos por Benjamín Herrera en los que plantea su programa liberal.

Las modificaciones para evitar la guerra (1897) En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez reproduce un texto escrito por algunos liberales que pretenden evitar la guerra de 1899 reformando algunas propuestas de la convención de 1897.

Manuel Murillo Toro En este capítulo del libro Origen, programas y tesis del liberalismo, Otto Morales Benítez reproduce un escrito de Manuel Murillo Toro en el que defiende la política económica liberal.

Breviario de ideas políticas. Gerardo Molina Ideas sobre el liberalismo clásico y moderno, el socialismo, la socialdemocracia y el comunismo.

Galán Sarmiento, Luis Carlos Político santandereano, fundador del Nuevo Liberalismo, fotografía.

Sanclemente, Marroquín, el liberalismo y Panamá Edición virtual de este libro escrito por Otto Morales Benitez en el que muestra la situación política de Colombia a finales del siglo XIX y principios del XX.

Parábola del liberalismo colombiano Artículo de Marco Palacios para la revista |Credencial Colombia.

Rafael Arredondo Texto de Jorge Orlando Melo dedicado a Rafael Arredondo, dirigente del liberalismo antioqueño.


Bibliografía

Tobón Sanín, Gilberto, |Liberalismo económico y liberalismo político. En: |Revista de la Universidad de Medellín, núm. 60, abril de 1995.

Mejía Quintana, Oscar, |Justicia y liberalismo político: La obra de John Rawls. En: |Revista trimestral para América Latina y España, núm. 35, abril-junio de 1994.

Rawls, John, |Liberalismo político, Universidad de Columbia, Nueva York, 1993.

14 de noviembre de 2009

Friedrich August von Hayek - Biografía

FRIEDRICH AUGUST VON HAYEK

Es uno de los referentes más importantes del liberalismo europeo y por ello, en su honor, la Junta Directiva del Club Liberal español, ha decidido instituir el PREMIO ANUAL FRIEDRICH AUGUST VON HAYEK para otorgarlo a personas con una meritoria trayectoria en la promoción del liberalismo

(Viena, 8 de mayo de 1899 - Friburgo, 23 de marzo de 1992) fue un filósofo y economista de la Escuela Austríaca, discípulo de Friedrich von Wieser y de Ludwig von Mises. Ha sido uno de los grandes economistas del siglo XX y es considerado por muchos uno de los padres del liberalismo moderno. Ha sido también uno de los mayores críticos de la economía planificada y socialista. Fue galardonado con el "Premio Nobel" de Economía en 1974.

Su obra, que comprende unos 130 artículos y 25 libros, no se limita únicamente a la ciencia económica, sino que trata desde filosofía política hasta antropología legal o historia, y en general todo lo referente a las ciencias sociales.

Nació en 1899 en una familia de intelectuales de Viena, entonces capital del Imperio Austrohúngaro. Fue reclutado para acudir a la Primera Guerra Mundial y al volver comenzó los estudios de ciencias jurídicas y sociales en la Universidad de Viena (según su propia confesión la experiencia lo condujo a interesarse por las ciencias sociales). Las influencias que había tenido de su familia eran más en el campo de las ciencias naturales, pero parece que fue la experiencia de la guerra lo que le hizo interesarse más por las ciencias sociales. En 1921 y 1923 se doctoró en leyes y en política económica.

Durante aquellos años, Hayek, como la mayoría de sus compañeros, era un socialista fabiano que creía en la intervención del estado para mejorar el orden social y no le gustaban las posiciones antisocialistas y liberales de su profesor Ludwig von Mises, destacado economista de la Escuela Austríaca. Pero precisamente fue la lectura de un libro de von Mises, “El socialismo”, donde hacía una devastadora crítica a esta doctrina lo que le hizo cambiar de posición y lo convirtió en discípulo suyo. Durante cinco años trabajó bajo su dirección en la Abrechnungsamt (Oficina de Cuentas) encargada de desbloquear y cobrar cuentas que otros estados tenían con el gobierno de la recién nacida Austria. En 1927 se convirtió en director del Instituto para el Análisis del Ciclo Económico, creado por ellos dos mismos.

En 1931 (y hasta 1950), gracias a Lionel Robbins, también alumno de von Mises, se fue a Londres donde ocupó una cátedra en la London School of Economics. Durante sus años en Londres tomó una gran notoriedad y fama en el ámbito académico, tanto por sus publicaciones y estudios, como por su rivalidad con Keynes y la beligerancia en contra de sus ideas. Pero durante los años 30, fueron las ideas de Keynes las que se impusieron y también tras la Segunda Guerra Mundial triunfaron gobiernos socialdemócratas o socialistas, con lo que Hayek perdió relevancia y mucha de la fama que había ganado de joven.

Su enfrentamiento comenzó cuando Hayek hizo un escrito desfavorable al libro de Keynes “Tratado sobre el dinero” y Keynes le replicó. Después, Keynes tomó la iniciativa y pidió a Piero Sraffa que hiciera un informe crítico de la obra “Precios y producción” de Hayek, que este replicó. Esta situación provocó que todos los más importantes economistas del momento tomaran parte por una de las partes. La controversia acabó en 1936 con la publicación de la “Teoría general” de Keynes, que le proclamó ganador, al menos momentáneamente, e hizo que sus tesis fueran las que se impusieran.

Después de esto, dejó las cuestiones técnicas de la economía para dedicarse a temas más filosóficos o sociales. También creó sociedades con tal de difundir sus ideas y oponerse al socialismo, como la Mont Pelerin Society, en 1947.

En 1949 se divorció de su esposa para casarse con un antiguo amor de juventud, lo que motivó que muchos de sus amigos ingleses, como Robbins, lo abandonaran (aunque años más tarde se reconciliaran). Este hecho lo decidió a emigrar a los Estados Unidos, a la Universidad de Chicago, donde no tuvo una muy buena acogida por parte del Departamento de Economía, debido a las grandes diferencias metodológicas de la Escuela Anglosajona con la Escuela Austríaca de la que provenía. Durante estos años, comenzó a tener problemas de salud, sordera y también depresiones que lo alejaron de la vida pública.

En 1962 volvió a Europa, a la Universidad de Friburgo, donde estaría hasta que, al jubilarse en 1969, retornó a su Austria natal, a la Universidad de Salzburgo hasta que se retiró en 1977. En 1974 recibió el Premio Nobel de Economía, compartido con Gunnar Myrdal, por sus trabajos en el campo de la teoría monetaria y las fluctuaciones económicas y los análisis de la interdependencia de la economía, la sociedad y las instituciones. A partir de entonces su salud mejoró y comenzó una gran actividad que lo llevaría a viajar por todo el mundo exponiendo sus ideas.

Murió en 1992 en Friburgo, y fue enterrado en Viena.

Su popularidad actual ha ido creciendo, en particular desde el hundimiento del régimen comunista, del cual, ya en los años treinta había previsto su inevitable degradación por razones económicas básicas. También se opuso al paradigma neoclásico (también conocido como neoclásico-walrasiano), que todavía define hoy en día el mainstream académico. Es contrario también a los economistas liberales partidarios de la Teoría del Equilibrio General (TEG) como Debreu. Defendió la tesis según la cual un cálculo planificador era imposible sin un mercado (que asigne los precios) y que un sistema económico que no se fundamente en el mercado libre y en la libre concurrencia nunca será óptimo desde el punto de vista de la distribución de recursos.

Aportaciones más relevantes

Teorías sobre el ciclo económico

Las contribuciones de Hayek sobre los ciclos económicos se consideran su contribución más importante a la economía, y las hizo durante su juventud. Tomó las bases de su teoría de la obra “Teoría del dinero y el crédito” de Mises e hizo su propia interpretación del ciclo económico, que fue conocida como Teoría Austriaca del ciclo económico. Podemos considerar como obras más importantes de esta etapa “Precios y producción” de 1931, que era un compendio de las conferencias que había hecho en la London School of Economics, “Beneficios, interés e inversión” de 1939 y “Teoría pura del capital” de 1941.

Hayek explica el origen del ciclo económico a partir del crédito concedido por el banco central y los tipos de interés artificialmente bajos. La expansión del crédito debido a los bajos intereses hace que los empresarios inviertan en proyectos muy arriesgados y en los que nunca hubieran invertido con unos tipos más altos, y provocan una mala coordinación entre producción y consumo e inflación. Primero hay una gran expansión, pero después una gran recesión hasta que vuelve a ajustarse la economía. El proceso sería el siguiente: el alza de precios resultante de una expansión conduce a la caída de los salarios reales, que induce a la substitución de máquinas por mano de obra y una reducción general de los períodos de producción, y en consecuencia los tipos de interés suben, cae la inversión y la economía sufre un descalabro; a la inversa, en una depresión el alza de los salarios reales reactiva la inversión y la mano de obra es reemplazada por maquinaria y los períodos de producción se alargan. Según este argumento, un nivel de consumo al alza a partir de un cierto punto reduce la inversión más que no la aumenta, y viceversa por lo que hace a un nivel de consumo a la baja.

Imposibilidad del socialismo por falta de precios de mercado

Artículos principales: Cálculo económico y Debate sobre el cálculo económico en el socialismo

El formulador de la idea de que el socialismo no es posible por la inexistencia de precios de mercado fue Mises en un artículo[1] de 1920, que después amplió en 1922 con el libro “El socialismo, un análisis económico y sociológico”, libro que causó una fuerte impresión en un Hayek todavía estudiante. Hayek, desde un principio, puso mucho interés en este tema y desarrolló los argumentos de Mises en diversos artículos durante los años 30. Estos artículos se reunieron en un libro publicado en 1935 y titulado “Planificación económica colectivista: estudios críticos sobre las posibilidades del socialismo”. También podemos destacar “El uso del conocimiento en la sociedad” de 1945 e “Individualismo y orden económico”, que recoge ensayos publicados en 1948.

Los argumentos de sus teorías son que los objetivos del socialismo son sustituir el libre mercado por una economía planificada. Este tipo de economía necesita una institución que elabore un plan central que determine todo lo que se debe producir, institución a la que Hayek llamó Junta Central de Planificación. Esta junta debería tener amplios poderes para intervenir en asuntos económicos, pero el problema sería que cuando esta junta se pusiera a elaborar el plan de producción se encontraría que no tiene ninguna guía o referencia que le indicara qué posibilidades de producción son económicamente factibles, ya que no existirían precios de mercado y sin estos precios no hay guía ni manera de saber lo que se debe producir. Aunque posteriormente este argumento tuvo que refinarse ante la solución de Lange-Lerner que proponía un procedimiento iterativo de dos reglas, por el cual una economía plantificada podía alcanzar la misma solución que el libre mercado, a partir de la intervención de una Junta central de planificación.

Según Hayek, los precios de mercado son los transmisores de cantidad de informaciones económicas dispersas y servirían para compartir y sincronizar muchos conocimientos personales; por lo tanto, intentar manipular el mercado conlleva un problema de falta de información. Un intercambio y uso eficiente de los recursos sólo se conseguiría a través del mecanismo de precios. Así pues, esta economía planificada, produciría aquello que aleatoriamente decidiera la junta central, sin que tenga que coincidir necesariamente con la demanda de la población ni con criterios de eficiencia, ya que sería imposible tener en cuenta todas las preferencias de la sociedad. Según Hayek, este era el talón de Aquiles del socialismo.

Contradicción entre economía planificada y libertad individual que conduce a un régimen totalitario

Hayek, no sólo pensaba que el socialismo y la colectividad comunista implementada por el estado eran inviables por la falta de precios de mercado, si no que además, en un plano más filosófico y político, eran incompatibles con la libertad individual, y que, además, estos sistemas, necesariamente llevaban al establecimiento de régimenes totalitarios, ya que los que llegarían al poder serían siempre los peores elementos de la sociedad. Estas críticas no iban dirigidas tan sólo hacia los sistemas de economía planificada, si no en general hacia cualquier intervención del estado en la economía, que para él significaba un socialismo progresivo. Hayek desarrolló estos argumentos en “Camino de servidumbre”, libro publicado en 1944, que le hizo muy popular y que se ha convertido en un clásico. Esta obra la realizó para contraargumentar las opiniones que rezaban que el nazismo era la consecuencia única del pueblo alemán, y la culpa estaba en el "germanismo". Él dijó que el nazismo se había desarrollado como un sistema socialista muy similar al de la URSS, solo que se cambió el elemento de clases por razas, y que esa era la única consecuencia de la evolución del comunismo. También podríamos destacar de este campo, “Los fundamentos de la libertad” de 1960, considerada una de sus obras maestras.

Hayek argumentaba que sin propiedad privada, se crea una dependencia tan grande del estado que nos convierte prácticamente en esclavos. El estado debería tener tantos poderes que necesariamente tendría que repercutir en la sociedad. En una sociedad planificada, debe haber alguien que ejerza el poder, que controle el estado. Para imponer unos objetivos comunes a una sociedad, aunque se quiera hacer de manera bienintencionada, es necesario imponer estos objetivos a las personas que no estarán de acuerdo. Para imponerlo, se deberá coaccionar y tomar medidas represivas en caso de que no acepten a la autoridad central, por lo tanto el dirigente se verá obligado a tomar decisiones “desagradables” como el arresto o el asesinato. Entonces, los que llegarían al poder serían los que estuvieran dispuestos a tomar estas medidas, y estos serían asesinos y criminales y a partir de aquí estas personas utilizarían el poder para su beneficio personal.

Orden espontáneo del mercado, la ley y la moral

Según Hayek, las instituciones de la sociedad, como las leyes, los mercados o el gobierno, incluso el sistema de precios o el lenguaje, no eran un invento o diseño humano para responder a unas determinadas necesidades, sino que era fruto de un orden espontáneo que consideraba un resultado de la acción humana pero no de su diseño. Así, el ser humano, en un proceso de prueba y error, ha visto como ciertas acciones hechas de forma inconsciente le servían para cierta finalidad. Las acciones que sirven para algo perduran y su combinación también espontánea acaba dando lugar a instituciones humanas, que aparecen sin que el hombre se haya planteado deliberadamente su creación. Es por eso que defendía que no debían haber interferencias en la acción individual espontánea y consideraba que la idea del racionalismo de intentar diseñar conscientemente el mundo era una amenaza para la civilización, ya que esta precisamente había nacido a partir del orden espontáneo.

Dicho de otro modo, Hayek concluirá que el surgimiento y desarrollo de las normas morales que permitieron el surgimiento y crecimiento de sociedades extensas fue producto de un azar evolutivo aún en curso, considerando entonces al orden espontáneo que permite tales sociedades inabarcable para la razón humana, no en el sentido de comprender su funcionamiento, sino en el controlar su dirección, por lo que rechazará todo racionalismo constructivista que pretenda guiar o rehacer racional y completamente tal evolución natural del orden social.

Necesaria sería, para Hayek, la coexistencia de la primitiva moral colectivista propia de los grupos pequeños y muy cohesionados que perviven dentro de la sociedad extensa, con su contraria moral evolutiva individualista que garantiza el funcionamiento y crecimiento exitoso de la sociedad humana extensa. Como un intento de imponer la primera sobre la segunda definirá al socialismo, deduciendo de ello que la búsqueda de tal orden social expresaría una aspiración involutiva o retrograda y su consecución implicaría la imposibilidad de sustentar la numerosa población humana creciente.

Sobre este tema podríamos destacar los libros “El orden sensorial” de 1952, libro psicológico donde defiende que la mente humana, igual que el mercado o la sociedad eran fenómenos tan complejos que no se pueden explicar o predecir su funcionamiento; “Derecho, legislación y libertad” que apareció en tres volúmenes en 1973, 1936 y 1979, donde trata sobre la aparición espontánea de las normas legales y morales, y “La fatal arrogancia” de 1988, donde atribuye el nacimiento de la civilización a la propiedad privada.

Obras

* La teoría monetaria y el ciclo económico, 1929.
* Precios y producción, 1931.
* Economía y conocimiento, 1936.
* La teoría pura del capital, 1941.
* Camino de servidumbre, 1944.
* Individualismo y orden económico, 1948.
* La contrarrevolución de la ciencia. Estudios sobre el abuso de la razón, 1952.
* El orden sensorial. Los fundamentos de la psicología teórica, 1952.
* El capitalismo y los historiadores, 1954.
* Los fundamentos de la libertad, 1960.
* Derecho, legislación y libertad, 1973, 1976, 1979. (3 vols.)
* La desnacionalización del dinero, 1976.
* La fatal arrogancia. Los errores del socialismo, 1988.


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Esteban Goti Bueno: 'Ciencia y Moral en el Liberalismo'

El materialismo histórico nos enseñó en la facultad que los fenómenos que habían tenido lugar en la Historia respondían a una serie evolutiva de sistemas de producción que desembocaban inexorablemente en el modo socialista de generar prosperidad. Junto a ello, tuvimos que escarbar en la bibliografía para conocer que el ejemplo que teníamos de Sociedades Socialistas no era el que había pensado Marx, sino el que la vanguardia de los partidos del proletariado había diseñado para eludir cualquier falta de control que echase al traste el triunfo de las diferentes revoluciones que tuvieron lugar en el siglo XX. ¡Qué perplejidad la nuestra al leer! Marx había previsto una dictadura del proletariado momentánea que preparase a la colectividad para vivir sin estructuras opresivas, entre ellas el Estado. Por el contrario, los países comunistas o del socialismo real (científico), han diseñado estados indestructibles que utilizan herramientas de opresión para sofocar cualquier revuelta, la cual, si tuviese lugar sería calificada de fascista o contrarrevolucionaria.

El marxismo no dejaba lugar a dudas en cuanto a los objetivos de los individuos. No existen, pues son los intereses de clase los que llevan al proletariado a tomar conciencia de que el modo de producción capitalista niega la justicia. Por ello, una de las peores contradicciones es que un miembro del proletariado no sea adepto a la revolución. Todo ello ha llevado a que incluso la opción socialista que apostaba por la democracia fuese todavía más negativa para los integrantes de la III Internacional. Stalin llamaba a los socialistas democráticos, socialfascistas. No tuvo piedad ni con aquellos de cuya lealtad al pensamiento socialista no cabía la menor sospecha de traición.

Este ejemplo puede aplicarse a los diseños científicos que sobre la libre economía se han hecho. Es de agradecer que se haya matizado en varias ocasiones que Adam Smith era ante todo un tratadista de Moral y que dentro de este campo tenían lugar sus concepciones económicas. Encuentro que dentro del campo del liberalismo economicista hay dos ideas que tienden a ser científicas, al igual que el marxismo o materialismo histórico hizo con el modo de producción socialista.

La primera de estas ideas es que los mejor preparados tienen en su mano la llave del éxito y la segunda trata de establecer la ecuación que diseñó Smith, a saber, que el hombre (en términos generales) en su búsqueda del propio interés consigue la felicidad y así las naciones consiguen la felicidad de sus miembros. A ello cabe hacer algunas precisiones que pretenden quitar carácter científico a la filosofía liberal.

En primer lugar, respecto a la idea de que una buena preparación garantiza el éxito contradice la esencia de la libre economía. La crueldad salvaje de la vida no nos permite elaborar con plena certeza ninguna seguridad a este respecto. ¿Quién puede obligar al mejor preparado a que saque pleno rendimiento de su preparación?, ¿Querrá el mejor preparado obtener frutos, conseguir el objeto?, ¿Pueden, en definitiva, los deseos del hombre verse cumplidos siempre que ponga de su parte? La respuesta parece pasear por los caminos del No.

Por otro lado, no podemos concluir que el ser humano, en plena libertad velará por su propio interés siempre. El planteamiento de Smith podría contener un sentido condicional: “si…, entonces…” y por lo tanto el carácter categórico le ha sido concedido con posterioridad por quienes a partir del juicio de Smith han querido construir un dogma. La voluntad humana es superior a los cálculos. Ni siquiera la decisión de velar por el propio interés garantiza que la felicidad, ni en términos económicos ni morales, llegue al individuo que se planteó obtenerla. La gran igualdad de oportunidades es que no pretendamos crear un cuerpo de élite que sea el depositario de una justicia darwiniana y calvinista para a sí justificar que la competitividad tiene unos actores fijos: los mejor preparados. La gran victoria de la libre economía abierta (no monopolística, ni oligárquica) es que la concurrencia en la actividad económica beneficie a quien tenga la “suerte” de dar con una oferta que obtenga demanda. En este sentido, el carácter científico, y sobre todo, moral, de la Economía, debe restringirse al amparo de la dignidad de las personas, los Derechos Humanos que les asisten y la legalidad que una Democracia se ha dotado a sí misma.

Hay por lo tanto, una serie de rasgos “cientifizantes” en la perspectiva del liberalismo económico que no corresponden con la realidad.

El liberalismo debe aceptar que los más preparados para el éxito quieran modestia, y que quienes tienen falta de recursos variados, puedan tener éxito si luchan por ello. La ciencia resuelve muchas incógnitas y tranquiliza el espíritu ante el caos que significa el mundo, sobre todo cuando se muestra inexplicable. Pero esto es un sueño, y como dijo el autor, los sueños, sueños son.

Fuente: Club Liberal


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