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2 de marzo de 2010

Hay quienes lanzan las más fantásticas afirmaciones sin evidencia alguna

Felipe Veloso«En los comentarios a mi columna anterior 'El planeta de los simios' un lector criticó lo asertivo de mis escritos, o en sus palabras, mi seguridad casi axiomática. Como ejemplo, citó cuando escribí "los humanos modernos aparecimos en África hace unos 200 mil años". El reproche es atendible: en Ciencia no hay verdades sagradas ni finales de manera que, fiel a ese espíritu, debí haber escrito "los humanos modernos habríamos aparecido en África hace unos 200 mil años".

Mi crítico no deja de tener razón. En la literatura científica se acostumbra usar tiempos verbales sin condicional para describir resultados de experimentos y observaciones: 'se observó', 'se midió', 'se obtuvo', etcétera. Por otro lado, en la sección de conclusiones es común ver tiempos en condicional: 'el gen A estaría involucrado en la vía Y'. Sin perjuicio de eso, también se usan tiempos sin condicional si la evidencia apoyando la afirmación es contundente: 'gen A regula la expresión de gen B'. Asimismo, se usa comúnmente términos que asumen como hechos cierto conocimiento previo. En biología por ejemplo, se usa el término filogenia (representación de la relación evolutiva entre genes u organismos) y tal uso significa que la Teoría de la Evolución es aceptada como correcta más allá de toda duda razonable.

El problema con el lenguaje no está en la comunidad científica sino en el ámbito público, donde hay quienes lanzan las más fantásticas afirmaciones sin evidencia alguna y sin usar el condicional siquiera. ¿Ha escuchado usted a un sacerdote decir que la madre de Jesús de Nazaret habría levitado hacia las alturas, a un rabino decir que su pueblo sería el elegido por el Creador del Universo, a un pastor decir que hace pocos miles de años habría llovido durante 40 días y 40 noches para cubrir de agua la Tierra completamente, o a un mulá decir que Mahoma habría viajado en un caballo volador entre Meca y Jerusalén?

Por extraño que parezca, en la esfera pública no es infrecuente observar que mientras más seguridad se muestra, menos evidencia se exige. Pero cuando se trata de descripciones científicas aceptadas (apoyadas por evidencia sólida), algunos piden ser cuidadosos con el lenguaje y usar el condicional para no parecer 'dogmático'. De modo que para efectos de divulgación, resolví hace mucho tiempo no usar condicional cuando lo que se afirma está respaldado por evidencia científica sólida sin perjuicio de, como siempre lo hago, aclarar que en Ciencia todo es revisable. El lector de marras preguntó qué pasaría si se encontrara un fósil que refutase la hipótesis de que nuestra especie salió de África. Pues bien, el famoso hallazgo hipotético de un fósil conejo en un estrato del Precámbrico llevaría a revisar o desechar, no sólo la descripción de la evolución humana reciente, sino la Teoría Evolutiva completa. Pero no por eso en Ciencia se deja de considerar la Evolución, en términos coloquiales, como un hecho».

Material descubierto enFacebook de Tercera Cultura

Tres dilemas en la divulgación científica (2010)
[Extracto del artículo escrito por Felipe Veloso]

Fuente: Ser Pensador


14 de noviembre de 2009

Esteban Goti Bueno: 'Ciencia y Moral en el Liberalismo'

El materialismo histórico nos enseñó en la facultad que los fenómenos que habían tenido lugar en la Historia respondían a una serie evolutiva de sistemas de producción que desembocaban inexorablemente en el modo socialista de generar prosperidad. Junto a ello, tuvimos que escarbar en la bibliografía para conocer que el ejemplo que teníamos de Sociedades Socialistas no era el que había pensado Marx, sino el que la vanguardia de los partidos del proletariado había diseñado para eludir cualquier falta de control que echase al traste el triunfo de las diferentes revoluciones que tuvieron lugar en el siglo XX. ¡Qué perplejidad la nuestra al leer! Marx había previsto una dictadura del proletariado momentánea que preparase a la colectividad para vivir sin estructuras opresivas, entre ellas el Estado. Por el contrario, los países comunistas o del socialismo real (científico), han diseñado estados indestructibles que utilizan herramientas de opresión para sofocar cualquier revuelta, la cual, si tuviese lugar sería calificada de fascista o contrarrevolucionaria.

El marxismo no dejaba lugar a dudas en cuanto a los objetivos de los individuos. No existen, pues son los intereses de clase los que llevan al proletariado a tomar conciencia de que el modo de producción capitalista niega la justicia. Por ello, una de las peores contradicciones es que un miembro del proletariado no sea adepto a la revolución. Todo ello ha llevado a que incluso la opción socialista que apostaba por la democracia fuese todavía más negativa para los integrantes de la III Internacional. Stalin llamaba a los socialistas democráticos, socialfascistas. No tuvo piedad ni con aquellos de cuya lealtad al pensamiento socialista no cabía la menor sospecha de traición.

Este ejemplo puede aplicarse a los diseños científicos que sobre la libre economía se han hecho. Es de agradecer que se haya matizado en varias ocasiones que Adam Smith era ante todo un tratadista de Moral y que dentro de este campo tenían lugar sus concepciones económicas. Encuentro que dentro del campo del liberalismo economicista hay dos ideas que tienden a ser científicas, al igual que el marxismo o materialismo histórico hizo con el modo de producción socialista.

La primera de estas ideas es que los mejor preparados tienen en su mano la llave del éxito y la segunda trata de establecer la ecuación que diseñó Smith, a saber, que el hombre (en términos generales) en su búsqueda del propio interés consigue la felicidad y así las naciones consiguen la felicidad de sus miembros. A ello cabe hacer algunas precisiones que pretenden quitar carácter científico a la filosofía liberal.

En primer lugar, respecto a la idea de que una buena preparación garantiza el éxito contradice la esencia de la libre economía. La crueldad salvaje de la vida no nos permite elaborar con plena certeza ninguna seguridad a este respecto. ¿Quién puede obligar al mejor preparado a que saque pleno rendimiento de su preparación?, ¿Querrá el mejor preparado obtener frutos, conseguir el objeto?, ¿Pueden, en definitiva, los deseos del hombre verse cumplidos siempre que ponga de su parte? La respuesta parece pasear por los caminos del No.

Por otro lado, no podemos concluir que el ser humano, en plena libertad velará por su propio interés siempre. El planteamiento de Smith podría contener un sentido condicional: “si…, entonces…” y por lo tanto el carácter categórico le ha sido concedido con posterioridad por quienes a partir del juicio de Smith han querido construir un dogma. La voluntad humana es superior a los cálculos. Ni siquiera la decisión de velar por el propio interés garantiza que la felicidad, ni en términos económicos ni morales, llegue al individuo que se planteó obtenerla. La gran igualdad de oportunidades es que no pretendamos crear un cuerpo de élite que sea el depositario de una justicia darwiniana y calvinista para a sí justificar que la competitividad tiene unos actores fijos: los mejor preparados. La gran victoria de la libre economía abierta (no monopolística, ni oligárquica) es que la concurrencia en la actividad económica beneficie a quien tenga la “suerte” de dar con una oferta que obtenga demanda. En este sentido, el carácter científico, y sobre todo, moral, de la Economía, debe restringirse al amparo de la dignidad de las personas, los Derechos Humanos que les asisten y la legalidad que una Democracia se ha dotado a sí misma.

Hay por lo tanto, una serie de rasgos “cientifizantes” en la perspectiva del liberalismo económico que no corresponden con la realidad.

El liberalismo debe aceptar que los más preparados para el éxito quieran modestia, y que quienes tienen falta de recursos variados, puedan tener éxito si luchan por ello. La ciencia resuelve muchas incógnitas y tranquiliza el espíritu ante el caos que significa el mundo, sobre todo cuando se muestra inexplicable. Pero esto es un sueño, y como dijo el autor, los sueños, sueños son.

Fuente: Club Liberal


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