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10 de abril de 2010

Capítulo XXXIII: Resulta perentorio reformar nuestro sistema político

(Caricatura satírica del semanario La Flaca al respecto de la farsa electoral)

Me quedé petrificado ante las poderosas palabras pronunciadas por el insigne jurisconsulto y político liberal Manuel Alonso Martínez (1827-1891). El que fuera Presidente de la Comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución de 1876, órgano férreamente tutelado por su ideólogo, Antonio Cánovas del Castillo. Y también figura clave para la elaboración del Código Civil de 1889. En las que amargamente aseveraba en los albores de la Restauración: “(…) No hay nada más desigual en España que la lucha del elector con el gobierno; el poder, que tiene en sus manos medios inmensos, es por lo general pródigo y dadivoso con el elector amigo, mientras que es injusto y hasta cruel con el elector adversario (…). Los electores que quieren dar una muestra de independencia arriesgan mucho, sufren en sus personas o en sus familias, o en sus intereses y propiedad (…) Cuando esto sucede un año y otro año, el elector acaba por (…) sentirse con cierto desmayo y desaliento, y por encerrarse en el escepticismo (…)”

Al concluir aquel pasaje no alcanzo a describir la inmensurable congoja que inundó mi corazón. Memorando el preciso instante en el que Luis nos dijo adiós en la estación. Una tarde gris de un domingo de Septiembre. Quedando Matahambre tras su marcha cada vez más vacío, triste y frío. Abocado a abandonar a su amada Libertad, tras las presiones de Golfi al objeto de que cerrara Gestoría la Verdad. Había pasado más de un siglo de aquellos vocablos lanzados al viento, pero paradójicamente cada vez se tornaban más patentes. Quizás no en el resto del Estado, no sé. Sin embargo, en esta pequeña comarca de la Comunidad Castellano Manchega se manifiestan continuamente.

Afirman los historiadores que la alternancia pacífica de los partidos dinásticos en el gobierno durante la Restauración, “turnismo”, se sustentaba en el fraude electoral. En el momento en que la formación gobernante entraba en crisis el monarca escogía a otro Presidente. Confeccionándose desde el Ministerio de Gobernación una lista de futuribles diputados, detallando sus nombres y apellidos y el distrito por el que resultarían electos, suficientes para aupar en el poder al nuevo sector y siempre reservando un determinado número a la oposición. Lo que recibiría el calificativo de “encasillado”.  Correspondiendo al cacique local que las mencionadas candidaturas fuesen votadas por el pueblo. Logrado mediante componendas varias: otorgando favores a diestro y siniestro, ofreciendo puestos de trabajo en la corporación, prometiendo la agilización de trámites administrativos,…En definitiva, creando una auténtica red clientelar en torno suyo. Y si fuese oportuno empleando técnicas tales como: el pucherazo, insertando en las urnas más votos del candidato que se quiere que gane; o inscribiendo o borrando del censo a quien se estimase, incluso apuntando a difuntos si fuese menester (“lázaros”). Dando apariencia legal a unos comicios abyectamente manipulados.

Mas otro fragmento de la obra Oligarquía y caciquismo como forma de gobierno en España”, escrita por Joaquín Costa (1846–1911), me recordó a Don Oprobio y a La banda de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como”. 

Joaquín Costa promulgaba una ideología eminentemente liberal, aunque marcadamente diferenciada del liberalismo doctrinario imperante en esa etapa. Adscrito al movimiento denominado como “regeneracionista”, considerándosele como su sumo exponente. Corriente que manteniendo al igual que: Los Institucionistas, La Generación del 98y La Generación del 14, una honda preocupación de los males que aquejaban a nuestra patria, adquirieron su máximo relieve en el lenguaje político, por encima del literario.

Narrando Costa magistralmente y quizás exageradamente, o no, lo acontecido en aquel periodo, lo que en cierta forma serviría para definir, si bien llevado al paroxismo, lo ocurrido igualmente en la época vigente: 

(Caricatura del semanario La Flaca)

“(…) No es verdad que la soberanía resida en la nación (…) no es verdad que el régimen político de ésta sea el Parlamento (…). ¿Cuál es, pues, ese régimen? (…). Partidos, Constitución, Administración, Cortes, son puro papel pintado con paisajes de sistema parlamentario (…). Resultando que tenemos todas las apariencias y ninguna de las realidades de un pueblo constituido según ley y orden Jurídico (…). ¿Cuál es, pues, la forma de gobierno de España? 

Por los efectos, sabemos que esa forma de gobierno, sea la que fuere, no nos sienta bien y que necesitamos mudarla por otra, o dicho de otro modo, que necesitamos redimirnos de ella. Ahora bien: es sabido que, para ponerse en cura, lo primero que hace falta es conocer la enfermedad.(…)
(…) La historia política de España es la absoluta ineficacia (…), haciendo preciso reponer el problema de la libertad, de la soberanía nacional y de “España con honra” (…)

(…) Cada región y cada provincia se hallaba dominada por un particular irresponsable diputado o no, vulgarmente apodado en esta relación cacique, sin cuya voluntad o beneplácito no se movía una hoja de papel, no se despachaba un expediente, (…), ni se acometía una obra (…) No había que preguntar si tenías razón, (…) para saber como se fallaría (…) el expediente: había que preguntar si le era indiferente al cacique, y por tanto se mantenía neutral, o si estaba con vosotros o contra vosotros. (…) Se extraviaban los expedientes (…) que él quería que se extraviasen; (…) se imponían multas si era su voluntad que se impusieran (….); las carreteras iban no por donde las trazaban los ingenieros, sino por donde caían sus fincas (…); era diputado, alcalde o regidor a quién él designaba o recibía para instrumento de sus vanidades, de sus medros o de sus venganzas (…). Tenía demarcado por los jerarcas supremos su feudo, el cual abarcaba ora una región, ora una provincia, o bien uno o más distritos dentro de ella. (…)

(Caricatura del semanario La Flaca)

(…) Todo aquel estado de corrupción y de servidumbre, (…) que acabo borrosamente de bosquejar, subsiste íntegro (…) años después, salvo haberse agravado con la hipocresía de la soberanía nacional y el sufragio universal, escarnio e inri de la España crucificada. Lo mismo que entonces, la nación sigue viviendo (….) a los pies del cacique, a cambio de los votos necesarios para fabricar las mayorías parlamentarias en que los pocos centenares de políticos tienen que ampararse para dominar el país. (…) El español vive a merced del acaso, pendiente de la arbitrariedad de una minoría corrompida y corruptora, sin honor,(…) humanidad, infinitamente peor que en los peores tiempos de la Roma pagana. En Europa desapareció hace ya mucho tiempo: si algún rastro queda aquí o allá, es un mero accidente. En España no: forma un vasto sistema de gobierno, organizado (…) por regiones, por provincias, por cantones y municipios, con sus turnos y sus jerarquías, sin que los llamados Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Alcaldías, (…), Ministerios, sean más que una sombra y como proyección exterior del verdadero Gobierno, que es ese otro subterráneo, instrumento y resultante suya, y no digo que también su editor responsable, porque de las fechorías criminales de unos y de otros no responde nadie. Es como la superposición de dos Estados, uno legal, otro consuetudinario: máquina perfecta el primero, regimentada por leyes admirables, pero que no funciona; dinamismo anárquico el segundo, en que libertad y justicia son privilegio de los malos, donde el hombre recto, como no claudique y se manche, sucumbe. 

Fue la «libertad» bandera de la España nueva (…) Generaciones se pasaron la vida gritando ¡viva la libertad! (…). Luego que la vieron, (….), vestida con traje de ley, de decreto, de Constitución, de sufragio, de Parlamento, nos dimos por pagados y satisfechos, y el grito aquel fue mandado recoger, persuadidos de que había quedado sin objeto, de que España había entrado por fin en el concierto de los pueblos libres y propiamente europeos. De esa convicción hemos estado viviendo (…). Difícilmente la psicología (…) podría señalar en la historia un caso de autosugestión más asombroso que éste. Sentíamos la opresión, tocábamos sus frutos en las oficinas, (…), en las Corporaciones, en los colegios electorales, (…), pero no atinábamos con la causa, limitándonos a extrañarnos de que las cosas siguieran lo mismo después que la libertad se había hecho carne (…). Ahí estaba cabalmente el error: las cosas seguían como antes porque la libertad se había hecho papel, sí, pero no se había hecho carne. (…) La verdadera libertad (…) que no hemos conocido todavía. (…)

(…)Eso que complacientemente hemos llamado y seguimos llamando «partidos», no son sino facciones, banderías o parcialidades de carácter marcadamente personal, caricaturas de partidos formadas mecánicamente, a semejanza de aquellas otras que se constituían en la Edad Media y en la corte de los reyes absolutos, sin más fin que la conquista del mando, y en las cuales la reforma política y social no entra de hecho, aunque otra cosa aparente, más que como un accidente, o como un adorno, como insignia para distinguirse o como pretexto para justificar la pluralidad. (…)

(…)Las definiciones de Aristóteles, se adaptan perfectamente a nuestro estado político actual. Define el gran filósofo griego la oligarquía por relación a la aristocracia, como la demagogia por relación a la democracia y la tiranía por relación al reinado o monarquía. Aristocracia (dice) es el gobierno ejercido por una minoría, y se la denomina así, porque el poder se halla en manos de los hombres de bien, ya porque su objeto no es otro que el mayor bien del Estado y de los asociados. La desviación o degeneración de esta forma de gobierno (añade) es la oligarquía, la cual no tiene otro fin que el interés personal de la minoría misma gobernante. (…)

(…)Significando aristocracia el gobierno del país por una minoría, pero minoría de los mejores, la forma de gobierno en España es lo contrario, el gobierno del país por una minoría también, pero minoría de los peores. (…)

(…)Los cargos concejiles no los desempeñan las personas de más ilustración, de más respetabilidad, de más valía por su posición social, por su sensatez, integridad y espíritu de justicia, quienes se mantienen alejados de las Corporaciones locales por no mancharse, sino los vividores, serviles, sin escrúpulos, que en los oficios de república no ven más sino una granjería. (…) Alcaldes y concejales que, sin oficio ni beneficio, viven magníficamente a costa del común. (…)

(…)Caciques (…), que tiranizan como les place a los convecinos, siempre que guarden las formas legales, para lo cual todos son maestros» «Mientras no se corte de raíz esa planta maldita, (…), y el pobre lugareño siga siendo explotado como una bestia, y víctima el desvalido de todo género de injusticias, humillaciones y vejámenes por parte de los seres más abyectos, fuertes con la protección del centro, las personas cultas y decentes seguirán huyendo de vivir en tales lugares, y. serán inútiles cuantos esfuerzos se hagan (…) para difundir la cultura, el bienestar y la riqueza, porque lo secará y esterilizará todo la ponzoña del caciquismo. (…)

(…)Completa con el cuerpo de caciques las llamadas clases directoras y gobernantes; (…) los oligarcas, la plana mayor de esas mismas clases, domiciliada en (…) Madrid.(…)

(…)El (…) oligarca no es más que el remate de esa organización, el último grado de esa jerarquía. Y es claro que para que el sistema funcione con regularidad y responda a su fin (la apropiación y monopolio de todas las ventajas sociales) es condición precisa que todas las piezas que entran a la parte se muevan armónicamente, inspiradas en un común espíritu, que aprecien de idéntico modo los medios, como aprecian de idéntica manera los fines, y, por tanto, que sea una misma en todos su naturaleza moral. (…)

(…)Personajes y ministros que no darían la mano a algunos individuos, que no los admitirían a su mesa ni en su casa, que si los hallaran en despoblado se llevarían instintivamente las manos al bolsillo, no tienen inconveniente en entregarles una o muchas municipalidades, una Comisión provincial o una Diputación entera (…)

(…)Hasta aquí los dos componentes fundamentales del régimen oligárquico, extraños a la nación y contrapuestos a ella: los prohombres, oligarcas de primer grado; y los que en la jerarquía feudal ocupan grados inferiores, bien que no menos fundamentales y sustantivos, y a que solemos apellidar más determinadamente caciques, de mayor y de menor cuantía, locales, cantonales, provinciales y regionales.(…)

(…)Es el gobierno y dirección de (…) los peores; violación torpe de la ley natural, que mantiene lejos de la cabeza, fuera de todo estado mayor, confundida y diluida en la masa del servum pecus, la élite intelectual y moral del país, sin la que los grupos humanos no progresan, sino que se estancan, cuando no retroceden. (…)

(…)No (…) preguntéis, después de esto, por qué nos estancamos primero y retrocedimos y caímos después: por qué, siguiendo así, no nos levantaremos jamás (…)

(…) La forma actual de gobierno en nuestro país: lo dicho hasta aquí es más que suficiente para dejarla definida como una oligarquía pura en el concepto aristotélico: gobierno del país por una minoría absoluta, que tiende exclusivamente a su interés personal, sacrificándole el bien de la comunidad. (…)

(…)Conocemos el mal; sabemos ya cuál es la forma de gobierno en que se ha empantanado España y por la cual vivimos ajenos a los progresos políticos del siglo: procede ahora que inquiramos cómo debe practicarse la sustitución; qué medidas deben ponerse en juego para sustituir la oligarquía medieval por el régimen de selfgovernment europeo. (…)”


24 de febrero de 2010

Capìtulo XXXI: ¿Está nuestro sistema político agotado?

cocina medieval

El ajetreo de mi progenitor en la cocina me despertó. Marcando el reloj situado en la mesilla, contigua a la cama, las 07:00 de la mañana. Había pasado casi toda la noche leyendo. Y es que cuanto más profundizaba en aquella magnánima obra más interesante se tornaba. Pero los quehaceres diarios me reclamaban, por lo que hasta bien entrada la tarde no podría sumergirme nuevamente entre sus vibrantes páginas. Rebosantes de sabiduría y de hirientes lamentos por una patria incapaz de aprender de su pasado, condenada a repetir una y otra vez idénticos errores.

Acostumbraba Pedro Gutiérrez al alba encender el longevo transistor del salón, al objeto de escuchar la tertulia política matutina de “Radio Vecindad”, la emisora local. A la cual precedía el programa musical Te rondaré morena, consagrado a deleitar a sus oyentes con las mejores canciones del panorama nacional. Alcanzando a percibir en ese preciso instante la ineludible voz de Joan Manuel Serrat, interpretando: Un pueblo blanco”.

La mesa yacía engalanada, cubierta por nuestro venerado mantel blanco. Salpicado por multitud de rosas, caladas décadas atrás por las laboriosas manos de mi difunta madre. Pedazo de tela que se erigía en el más excelso tesoro de nuestra humilde morada. Y allí sentada estaba ella, mi querida prima Libertad. Increíblemente hermosa y dulce, a cuál más. No obstante, a veces temía que su inmensurable amor por Matahambre y sus gentes, acabaran por romper vilmente su frágil corazón en infinidad de pedazos.

Al entrar me regaló una amplia sonrisa, entonando:

-“Pedrín, ven y siéntate. Tu padre ha preparado unas suculentas tortitas. ¿Qué prefieres café o té?”

Retirándose él a continuación de aquellas melódicas palabras, en pro de dejarnos, a mi prima y a mi, a solas. Conocedor de nuestra más absoluta complicidad, robustecida por prolíficas y reiteradas confidencias. Enunciando:

-“Chicos os dejo. Pues D. Pascual está esperándome en el jardín, quien se ha acercado hasta aquí para charlar un rato de nuestras cosas. De lo terrenal y lo divino. Con el fin de prepararme, como a él le gusta definirlo, para cruzar, en la hora que a todos nos llega, el umbral. Y que en mi caso, lo más probable, es que no ande demasiado lejos.”

Riñéndole Libertad, de forma cariñosa, con un tono casi maternal:

-“Tío, siempre arguyes lo mismo, si estás de maravilla.”

Y mientras yo disponía un par de tortitas en el plato ella me preguntó:

- “Pareces cansado. ¿Una mala noche quizás?”

A lo que contesté:

-“No, al contrario. Aunque lo cierto es que he dormido poco, se debe a que he estado absorto en el último libro escrito por Francisco: “El vituperado sistema electoral de la Restauración y sus similitudes con la partidocracia vigente.” Donde se esfuerza en explicar la historia del Estado Constitucional español, repleta de cuantiosos contratiempos hasta llegar al momento vigente. Etapa actual de la que asiduamente alardeamos por sus altas cotas de democraticidad. Convirtiéndose realmente, según el autor, con el devenir de los años, en un Estado despótico, regido por una oligarquía partidocrática.

Aún no lo he acabado, me quedé dormido en el capítulo donde argumenta cómo el régimen político de hoy en día, guarda una increíble semejanza con la denostada Restauración.”

Alegando Libertad, tras tomar un pequeño sorbo de té:

-“Cuánta razón tiene Francisco. Hace días, me encontraba estudiando una documentación que se debatirá próximamente en una Comisión Especial en el Ayuntamiento. Ya que pretenden acometer cuanto antes, es decir, con anterioridad a la celebración de las venideras elecciones municipales, por lo que pueda pasar, la Revisión del Plan General. Ahora se han vuelto de lo más generosos y nos han invitado a la oposición al completo a conformar la susodicha Comisión Especial. Claro que lo que se esconde bajo esa dadivosidad, es organizar otra polvareda populista y demagógica cuando pronunciemos un no rotundo a lo que ambicionan. Vislumbrando como exclusiva salida, para lograr sus propósitos, la presión popular. Ya que continúan erróneamente creyendo que temerosos, por un hipotético castigo en las urnas, pronunciaremos un sí a unos expedientes presuntamente espurios, donde las áreas urbanas y la aleatoria edificabilidad se otorgan supuestamente a tenor de quién ostente la propiedad. Pareciendo aquello, en vez de planos, un enfermo de sarampión, plagado de dispersos puntitos pálidos y oscuros, sin consolidación de núcleo poblacional alguno. Eso sí, con la colaboración inestimable de sus adláteres en variadas administraciones. Pierden el tiempo, mas si quieren que participemos en la Comisión allí permaneceremos.

Pues bien, analizando la dispar legislación sobre el asunto, hallé un vídeo de un debate, televisado por Antena3, correspondiente al mítico programa: “La Clave”. Emitido el 1 de Noviembre de 1991. Presentado por el periodista José Luis Balbín y titulado: “500 claves de la Transición”. Interviniendo, entre otros: Antonio García-Trevijano Forte, abogado y uno de los más acérrimos opositores a la dictadura de Franco; ó Ramón Tamames, prestigioso economista y político español. Donde se hacía alusión, exactamente, a eso que apunta Francisco: el gran parecido entre el sistema político vigente con el de la Restauración; al déficit democrático de la partidocracia actual; a la imperiosa necesidad de una reforma constitucional en cuanto a estos aspectos,…Y desde entonces, hasta ahora, nada sobre ello se ha hecho. Más al contrario, casi podríamos afirmar, que todavía ha ido paulatinamente empeorando la situación.

Afirmando Trebijano, en la referida intervención, que en España no existía democracia, por dos cuestiones principales:

- Porque la soberanía no reside en el pueblo, sino en los partidos. Los políticos no son los verdaderos representantes del pueblo, sino de los partidos ¿No es realmente una oligarquía partidocrática la que impone a los distintos dirigentes y no el votante? ¿No se circunscriben las votaciones de los cargos electos a lo decretado por los órganos de las dispares formaciones? ¿No es la disciplina de partido acaso un camuflado mandato imperativo? Con lo que no viviríamos en una democracia, sino en una partidocracia.

- No dándose tampoco una auténtica separación de poderes. Siendo el ejecutivo el que ejerce el dominio sobre los restantes. El legislativo, queda diluido a causa de la presión del ejecutivo sobre el grupo político que apoyó al Presidente del Gobierno en su investidura. Transformándose en un mero órgano de ratificación. Y el judicial, ¿Quién escoge al Fiscal General del Estado, a los representantes del Tribunal Constitucional,…?

Inclusive en las Comisiones de Investigación creadas por las Cámaras, en pro de desentrañar cualquier asunto. Encargadas de elaborar un dictamen sobre el que deberán deliberar posteriormente las propias Cámaras. Dependiendo su configuración, igualmente, de la mayoría parlamentaria. Muy diferente a lo acontecido en Alemania, donde esta función recae en una minoría cualificada. Sirviendo allí de control y no de mero paripé como aquí.

Asimismo en un determinado momento José Luis Balbín sibilinamente menciona como el poder gubernamental, hipotéticamente es tal, que si cualquier periodista osase contradecir al régimen sería contumazmente relegado. ¿Y no es esto precisamente lo que ha sufrido Francisco? Un escritor como ninguno, que por hablar alto y claro, y dar un no como respuesta a determinados dirigentes, es de cada medio o editorial proscrito.

Empresas que al fin y al cabo viven mayormente de la publicidad contratada por sus clientes. Encontrándose el empresario frente a la disyuntiva de escoger entre un empleado con talento u optar por su principal fuente de ingresos. Habitualmente suelen decantarse lamentablemente por lo segundo. Tal vez inevitablemente sea una abyecta reacción de supervivencia.

Inicialmente, al tener conocimiento de su genialidad y trabajo, todo son halagos y parabienes. No obstante, las sentidas alabanzas se transforman en variopintas evasivas. Luego de recibir la llamada o visita de algún mandatario, recordándole al editor de turno de donde surgen los fondos de financiación de numerosas noticias, publireportajes o libros patrocinados.

Defienden concretos historiadores que el sistema político de la Restauración, ideado por Antonio Cánovas del Castillo, fue la mejor opción dadas las circunstancias de aquel periodo. Sin embargo, lentamente se desvirtuó, y tras el fallecimiento de sus dos grandes protagonistas: el propio Cánovas y Práxedes Mateo Sagasta, murió por ausencia de líderes que los sucedieran y por agotamiento después de 50 años de vigencia. No obstante, la presente etapa democrática, surgida con la promulgación de la Constitución de 1978, lleva apenas treinta años, ¿y no se perciben ya muestras de cansancio?”

Fuente: El Liberalismo